🌿 El canto y las emociones
Cuando era pequeña amaba entonar canciones y melodías de cualquier cosa que estuviera sintiendo, viviendo o pensando. La primera canción que escribí se llamaba “Un amigo es una luz” (jajaja, ¡lo sé!), inspirada en una canción de Enanitos Verdes.
Recuerdo que tomé mi guitarra y empecé a cantar:
“Cuando veas una luz en tu camino, entonces es un amigo, un amigo te apoyará, te hará sentir especial, cada instante te acordará de los momentos de felicidad…”
Y sí, claramente no es la composición más poética del mundo. De hecho, la escribí cuando tenía 14 años, y respondía a mi cotidianidad. Mi vida era el colegio; mis compañeras eran mi familia. Las veía de lunes a sábado, 8 a 9 horas diarias. Así que, para mí, expresar que la amistad era un pilar en mi vida y un sentimiento de felicidad era algo natural y obvio.
Escribí canciones sobre la naturaleza, sobre la música misma, incluso le escribí una canción a la Virgen María que quedó grabada en el CD del colegio. Hicieron un concurso de canciones, yo presenté la mía… y gané.
Para ese momento yo creía que era católica, aunque años después dejé de serlo. Y justamente cuando me adentré en el cristianismo protestante, mis melodías comenzaron a ser sobre y para Jesús, un diálogo íntimo entre Él y yo.
Posteriormente empecé a escribir sobre preguntas existenciales, ideas, angustias, dolores, pérdidas y aciertos. Incluso he escrito canciones que en su momento no entendí, pero que fueron la respuesta para temporadas que hoy estoy viviendo.
Justo así sucedió con Sin prisa, sin pausa, una canción que escribí en mi carro. Ximena Vargas, mi mejor amiga y hermana de vida, tomó su guitarra y empezó a tocar una armonía que me transportó a un sentimiento de sanidad… y allí nació este himno, ligado a una emoción y a una necesidad de sanar.
En su momento no entendí por qué la escribí. Semanas después, mi tío partió al cielo, mi perrito partió al cielo, y justo ahora estamos acompañando a Ximenita en su proceso de sanidad (que estoy segura, en otra oportunidad te compartiré a profundidad).
Y así entiendo cómo cantar va ligado a muchas emociones, a procesos. Cantar te alegra, cantar te entristece, cantar te ayuda a procesar, pero también te ayuda a entender. Cantar te ayuda a esperar… y cantar te ayuda a accionar.
Hay un detrás de cámaras para todas las emociones que no podemos procesar, o que toman tiempo procesar, y el canto indudablemente hace parte esencial de este proceso. Es un regalo de Dios, es un detalle de Dios para nuestras vidas. La voz misma es un detalle… imagínate la voz cantada.
Incluso si te debates en un sinfín de sensaciones al cantar —como frustración, alegría, angustia, vergüenza o pena—, ¡lo que sea! El mismo canto es la respuesta a esas sensaciones.
No dejes de cantar.
Al final, hallarás respuestas en el mismo acto de cantar.
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