En el síndrome de Simón se trata de una persona que puede tener una adecuada madurez profesional -ama su trabajo, lo cuida, lo cultiva-, pero que no tiene madurez afectiva: no sabe qué es el mundo sentimental, ni expresar sentimientos, ni que el amor es un trabajo de artesanía psicológica, desconoce que los sentimientos hay que trabajarlos con dedicación y esmero, porque si no se volatilizan. El inmaduro no sabe dar ni recibir amor y sobre todo no sabe cómo mantenerlo.