Si tuviéramos que extraer una conclusión principal de los últimos seis meses en España, en mi opinión, esa sería el evidente fracaso del conjunto del Estado, el fracaso de la gestión pública, y, por tanto, de los políticos.
A pesar de esa expansión suicida de la administración pública y de sus múltiples capas de empleados, la pandemia del COVID ha destapado la absoluta negligencia, torpeza y descoordinación de todas nuestras muy bien pagadas administraciones. Legiones de políticos, enchufados, empleados públicos en todo tipo de administraciones solapadas, chiringuitos, sindicatos, patronales, vampirizando el esfuerzo y los salarios de la sociedad española, abrasada a impuestos se han demostrado absolutamente inútiles, cuando no escandalosamente negligentes, en la gestión de la peor crisis sanitaria y económica de nuestra era.