Para aquellas noches frías y solitarias.
Cuando la cama es muy grande y las mantas demasiado estrechas.
Cuando el cuerpo permanece aislado entre las tibias sábanas.
Para aquellas noches silenciosas y vacías.
Cuando el deseo surge sin control y queda atrapado entre la garganta y el pecho.
«Abandona por un momento la cordura y déjate llevar por los impulsos salvajes de tu cuerpo».