Teología callejera

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Teología callejera episodes

  • Romanos 3:9-18 | La Depravación Total

    En el día de hoy comenzaremos con nuestro estudio de la carta los romanos, del capítulo tres, donde el apóstol Pablo vuelve a tocar en el tema de la depravación total del ser humano. Éste es un tema que ya habíamos visto en el capítulo uno, donde Pablo describe los efectos del pecado tanto a nivel personal, como a nivel social. Pablo ya ha declarado que el pecado del ser humano consiste en ese trueque, en el que el ser humano intercambia la gloria del Dios incorruptible por imágenes, cosas, religiones, creencias, supersticiones, filosofías, conocimiento, ismos de todo tipo, por medio de los cuales el ser humano intenta desterrar de su alma esa noción que Dios puso dentro de cada corazón de qué hay un Dios que un día juzgará a los vivos y los muertos.

    Ésa es la idea que Pablo desarrolla en la segunda mitad del capítulo uno de la carta a los romanos, y ahora el apóstol Pablo se pone a describir un poco más el efecto personal, interior, del corazón, del alma que el pecado ha tenido en todo ser humano.

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    33 min
  • Romanos 3:5-8: Un Dios Justo

    Uno de los conceptos con los que el ser humano lucha constantemente, es la idea de que todo lo que Dios hace, decreta, dispone… Tiene como único propósito, glorificar la grandeza de Dios. 

    Toda la obra salvífica de Dios ronda en torno a la glorificación de su nombre, a la reivindicación de su santidad, y a la exaltación de su persona.

    Que toda la obra de salvación que Dios se dispone hacer por el pecador sea simplemente para traer gloria para sí mismo, y no tanto por nosotros. Que toda la gracia y la abundancia de la misericordia de Dios, que nosotros disfrutamos todos los días, son un efecto secundario a Dios glorificando su propio nombre, no es un concepto que nos guste tanto considerar.

    Como lo dice nuestro texto de hoy:

    “Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? Pero si por mi mentira la verdad de Dios abundó para su gloria, ¿por qué aún soy juzgado como pecador?”




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    21 min
  • Romanos 3:1-4 La inmutabilidad del plan divino

    El pasaje que nos toca hoy es el siguiente:

    Romanos 3:1-4 RV60

    [1] ¿Qué ventaja tiene, pues, el judío? ¿o de qué aprovecha la circuncisión? [2] Mucho, en todas maneras. Primero, ciertamente, que les ha sido confiada la palabra de Dios. [3] ¿Pues qué, si algunos de ellos han sido incrédulos? ¿Su incredulidad habrá hecho nula la fidelidad de Dios? 

    [4] De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso; como está escrito: Para que seas justificado en tus palabras, y venzas cuando fueres juzgado.


    El apóstol comienza haciendo una pregunta que no debería sorprender a ningún lector. Pues, si todo lo que se viene diciendo hasta ahora en el capítulo 2 es verdad, es decir: que no es judío el que lo es exteriormente, en la carne, nacido bajo la ley, circuncidado bajo la ley; sino que el verdadero judío lo es en lo interior, y la verdadera circunsición es la del corazón, no hecha por mano sino por Dios; y si es verdad que no son los oidores de la ley (es decir, los que desde su niñez tuvieron acceso a la ley de Moisés, y que fueron educados en esta, habiéndola recibido como legado cultural), sino que son los hacedores de la ley los que serán justificados; y que si un gentil obedece la ley, por más que sea gentil, su obediencia la será contada como circunsición, mientras que al judío desobediente su obediencia le es contada como incircunsición… Si todo esto es verdad, entonces la pregunta con la que el apóstol Pablo comienza el capítulo 3 es completamente lógica: ¿de qué sirve la circunsición? ¿De qué sirve ser judío? ¿Qué ventaja tiene la elección de Dios sobre Israel? ¿”De qué me ayudó a mí el haber sido instruido en la ley toda la vida, si al final no soy mejor que el resto?


    Esta pregunta que Pablo postula abre la puerta para todo un desarrollo teológico e histórico que se desarrolla comenzando en el capítulo cuatro, donde el apóstol Pablo se propone demostrar que la justificación por fe no era algo nuevo que él había recibido como una nueva revelación, sino que históricamente siempre había sido así. Que Dios no había cambiado de opinión, que el plan de Dios se mantenía inmutable, y que la fidelidad de Dios se mantenía inalterable, porque la torpeza y la rebelión humana, manifestada en las masas que fueron rebeldes y no creyeron, tanto de judíos como de gentiles, no entorpecen el plan divino de salvar a aquellos que Dios desea salvar. 


    Toda la doctrina de la elección incondicional que los reformadores elaboraron tan minuciosamente, parte (parcialmente por lo menos) de esta premisa: que no es el legado cultural ni la etnicidad la que sirve como fundamento para la elección divina de su pueblo, sino que Dios se manifestó como Dios desde el principio de la creación, escogiendo sobre quiénes se revelaría.


    No es novedad que, culturalmente hablando, el judío veía en su ley y en la circunsición las marcas de la elección divina sobre Abraham. Y que por lo tanto, por promesa divina, dicha elección se trasladaba a ellos, a modo de legado sanguíneo. Dios había escogido a Abraham y a su descendencia, por lo tanto, todo judío circuncidado bajo la ley era un heredero de la promesa de Dios a Abraham.


    Ahora bien, sabemos claramente que ese no es el caso. Que Dios no está maniatado a un linaje. Y que desde el comienzo de la creación, su plan siempre fue manifestarse a toda la humanidad. Y para eso, él escogió a Abraham, para que en él fuesen benditas todas las naciones, y no solamente la nación de Israel.


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    18 min
  • Romanos 2:17-29 El religioso

    Romanos 2:17-29 RV60

    [17] He aquí, tú tienes el sobrenombre de judío, y te apoyas en la ley, y te glorías en Dios, [18] y conoces su voluntad, e instruido por la ley apruebas lo mejor, [19] y confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas, [20] instructor de los indoctos, maestro de niños, que tienes en la ley la forma de la ciencia y de la verdad. 


    Esta es la situación de todo hombre religioso. Si bien el apóstol Pablo le está hablando a los judíos de su época, esta misma descripción aplica a cada persona religiosa. Esto es exactamente lo que el hombre religioso busca. Y esto es lo que la religión le hace a la persona: le da una forma de seguridad, un sentido de superioridad, de propósito, de estar haciendo lo correcto, de ser un poco mejor que el resto, de tener algún conocimiento más elevado y del resto no puede llegar, y que por alguna razón él se lo ha ganado bien.

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    25 min
  • Romanos 2:12-16 Regenerados

    Romanos 2:12-16 RV60

    [12] Porque todos los que sin ley han pecado, sin ley también perecerán; y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados; [13] porque no son los oidores de la ley los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados.

    [14] Porque cuando los gentiles que no tienen ley, hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque no tengan ley, son ley para sí mismos, [15] mostrando la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, [16] en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres, conforme a mi evangelio.


    Hace mucho tiempo, en el seminario, un profesor utilizó este pasaje para enseñarme que, en ciertos casos en los que el individuo no había tenido la oportunidad de oír el evangelio y aceptar a Cristo en su corazón, el mismo podría ser salvo por medio de las obras de consciencia, si había vivido una vida decente.


    Aparentemente, este pasaje parecería indicarle a algunos que los que vivieron sin ley (lo que, según un sector de la iglesia poco versado en la Biblia, significaría los que no han tenido la oportunidad de escuchar el evangelio) serían justificados por la ley de conciencia. Es decir, que los que no tuvieron conocimiento suficiente de Dios como para buscarle, los que jamás escucharon acerca de Jesucristo, para poner su fe en Él, podrían ser juzgados según la ley interior de todo ser humano. 


    Pues, todo sabemos que una de las cosas que nos diferencia de los animales, es que tenemos una ley de conciencia. Si observamos a través de las culturas, a lo largo de la historia podemos descubrir que existe una ley moral (la ley natural del ser humano, esa norma de conducta que nos dice lo que está bien y lo que está mal, y que nos impulsa a reprimir las malas acciones y los malos deseos de nuestro corazón, y escoger lo bueno). 


    De modo que, sería lógico, humanamente hablando, pensar que Dios tenga dos modos de juicio. Los que escucharon el evangelio y no creyeron, que sean juzgados según el nivel de responsabilidad que tuvieron, según su rechazo. Pero los que no escucharon el evangelio, y por lo tanto nunca tuvieron la oportunidad de creer, si durante su vida se comportaron de una manera digna, que sean justificados ese modo.


    Esta forma de enseñanza, por atractiva que parezca a la mente humana (por causa de la pluralidad de métodos de juicio que Dios podría llegar a emplear según lo que cada uno haya experimentado en vida) simplemente no es doctrina bíblica. Aquellos que han tratado de argumentar a favor de un juicio divino basado en la ley de conciencia utilizando este pasaje, han tenido que ignorar el punto principal de este pasaje: a saber, que tanto los unos como nosotros perecen.


    Piense por un momento en lo que acabamos de leer: el apóstol Pablo aquí no está diciendo que los que vivieron sin ley podrán ser justificados sin ley, sino que: sin ley perecerán. Es decir, aquellos que no tuvieron la revelación Mosaica del antiguo testamento (es decir, todos los no israelitas a lo largo de la historia) perecerán sin ley. Es decir, la condenación no está limitada a la desobediencia a la ley Mosaica.

    La razón por la que estos perecen no es que desobedecieron la ley de Moisés (es decir, la revelación escrita de Dios entregada a su pueblo escogido), sino que son condenados por haber nacido en pecado como todos los demás. Pues vivieron en pecado durante toda su vida, y durante toda su existencia evidenciaron la realidad de su pecado con cada acción, palabra, pensamiento y deseo. 

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    28 min
  • Romanos 2:5-11 Endurecidos

    La dureza de corazón es la característica principal del muerto en delitos y pecados. El profeta Ezequiel describe al hombre no regenerado como teniendo un corazón de piedra, cuando dice, al describir la obra regeneradora de Dios en el pecador: 

    Ezequiel 36:26 RV60

    [26] Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.

    Es decir, antes de la obra regeneradora del Espíritu Santo, el ser humano se encuentra muerto en delitos y pecados, como lo describe el apóstol Pablo al decir: 

    Efesios 2:1-5 RV60

    [1] Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,[2] en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, [3] entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás. [4] Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, [5] aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos),


    Es decir, la persona nace enemiga de Dios, muerta en pecados, con un corazón de piedra, naturalmente enfurecido contra Dios, contra todo lo bueno, todo lo justo, todo lo celestial, y de no ser por intervención divina, el ser humano nace, vive y muere en completa enemistad con Dios, incapaz de hacer lo bueno, incapaz de obedecer a Dios, incapaz de reconocer su pecado.

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    17 min
  • Romanos 2:3-4 La Hipocresía del Hombre

    El problema más grande de la hipocresía humana es que nos hace pensar que el hecho de que Dios todavía no nos haya destruido por nuestra maldad, significa que Él de alguna manera está de acuerdo con lo que hacemos. Sin darnos cuenta que la única razón por la que Dios no ejecuta sus juicios automáticamente, es para mostrar su misericordia de modo que, viendo esa misericordia, seamos guiados a la cruz, y movidos al arrepentimiento.

    Sin embargo, esa misma misericordia que Dios extiende hoy sobre cada pecador al refrenar su ira y no ejecutar sus juicios, rápidamente se tornará en ira y en castigo, pues al no arrepentirse ante la misericordia de Dios, el ser humano desprecia su venida. 

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    13 min
  • Romanos 2:2 El justo juicio de Dios

    Nada hay que aterre tanto la mente humana como el concepto de que hay un Dios por encima de todas las cosas, en los cielos, completamente autosuficiente, completamente auto existente e independiente de toda su creación, que no necesita nada de nosotros, y que sin embargo nos da todo de él, quien un día juzgará a los vivos y a los muertos según lo que cada uno haya hecho.

    Pero la Biblia enseña que  Dios que tiene su trono en las alturas, bien por encima de todas las cosas, bien por afuera del ámbito terrenal, alto, sublime, exaltado, en cuyas manos están los destinos de los hombres, quien decide cada segundo de nuestra existencia, ese Dios no es un Dios ausente, ni desentendido de su creación, sino que sus ojos miran constantemente y examinan cada acción, cada pensamiento, cada palabra, cada intención.

    Y como si eso fuera poco, el apóstol Pablo nos garantiza algo más aterra todavía: Dios no se equivoca en su juicio. Él no utiliza de testigos externos. Él no necesita que nadie le diga lo que sucedió. Él no necesita preguntarle a nadie lo que pasó. Él no necesita recolectar evidencia que pueda ser adulterada y modificada para cambiar la realidad delante de sus ojos. Sino que él es testigo ocular de todo lo que hemos hecho, pensado, y dicho. De modo que cuando él pasa juicio, todo su juicio es según la verdad.

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    22 min
  • Romanos 2:1 Juez de mi hermano
    Hay un concepto bíblico que tiene que ver con el juicio del hombre y el juicio de Dios. Pues como seres hipócritas que somos, tendemos a juzgar, y hasta condenar en otros las mismas cosas que nosotros hacemos también. 


    Los pecados propios son tolerables, pues son meros “tropiezos”,  o “flaquezas”, pero cuando vemos esos mismos pecados en otros, rápidamente tomamos el lugar de juez, señalamos y pasamos sentencia sobre aquellos que, según nosotros bien entendemos, han pecado contra Dios.


    Ahora bien, Jesús nos advierte severamente a no juzgar a otros (arrogándonos tener la sabiduría, santidad y pureza de Dios), pues el Juez de toda la tierra sin duda hará lo que es correcto y justo, y pasará juicio sobre nosotros  utilizando la misma vara que nosotros mismos utilizamos sobre otros. 


    Pues si tuvimos a bien alzar nuestra mano en juicio contra otros, significa que nosotros mismos sabemos bien lo que es correcto y lo que no. Entendemos lo que está bien y lo que está mal. Tenemos entendimiento. Si tuvimos bases suficientes para pasar juicio sobre otros, significa que tenemos bases suficientes para examinar nuestra propia vida.


    Pero es mucho más fácil ver los problemas de otros, y examinar el pecado de otros, y pasar juicio sobre otros, que tomar la biblia, y dejar que ella refleje los pecados más íntimos de nuestro corazón, y permitir que el espíritu Santo obre en nosotros una verdadera obra de transformación. 


    Es más fácil utilizar la biblia como espada contra otros, que utilizarla como espejo para vernos a nosotros mismos.

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    14 min
  • Romanos 1:24-32 Autodestrucción

    La sociedad actual está corriendo a 1000 por hora en una ancha carretera de autodestrucción. Es como que el ser humano está intentando esforzadamente de apartarse de Dios sin importar el costo.
    Hoy día el que crea la Biblia tal cual está escrita es considerado un fanático retrógrado e ignorante. No sólo entre los inconversos y no creyentes, sino también entre muchos en la iglesia .
    ¿Cuál es la razón para estas cosas? ¿Qué nos llevó a este punto? Pues bien, el apóstol Pablo describe la historia de la sociedad humana y su relación rebelde contra Dios, de principio a fin, en el fragmento que estudiaremos hoy.

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    27 min

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Todos hacemos teología en algún momento de nuestra vida. Algunos más que otros. Pero todos estamos involucrados en esta actividad.“¿De dónde venimos?”, es una pregunta muy frecuente en nosotros que…