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Cuando la pregunta deja de ser qué le ocurrió a Israel y pasa a ser a quién estaba anunciando
En este episodio presentamos Éxodo: el Dios que salva, de Charles Simeon (1759–1836), segundo volumen de la Biblioteca de Formación Homilética y continuación directa de Génesis: la promesa de un Salvador en la traducción al español de las Horae Homileticae.
Traducido del primer volumen de la edición de Samuel Holdsworth (Londres, 1836), el libro recoge los cincuenta y seis discursos de Simeon sobre Éxodo, parte de una colección que fue creciendo durante décadas hasta alcanzar veintiún volúmenes y 2536 esquemas sobre la Biblia entera. Y aquí la materia obliga: Éxodo no es un libro de doctrina, es un libro de acontecimientos —una zarza que arde sin consumirse, un cordero degollado, un mar que se abre, una roca golpeada, un velo sobre un rostro—, de modo que la pregunta que gobierna todo el volumen es qué hace un predicador con una historia. Simeon responde con la respuesta antigua: el acontecimiento es tipo, y el tipo apunta a Cristo. Por eso su prueba para cualquier sermón sigue siendo triple: ¿humilla al pecador, exalta al Salvador, promueve la santidad?
El recorrido va de la zarza ardiente (Éx. 3:2–3) hasta el día en que la gloria llenó el tabernáculo (Éx. 40:33–34), pasando por el nombre que Dios se da a sí mismo (Éx. 3:14), las excusas de Moisés, el endurecimiento del corazón del faraón (Éx. 7:3) —donde Simeon se detiene primero a explicar y luego a reivindicar la justicia de Dios—, la Pascua, la columna de nube y de fuego, el maná, la peña de Horeb, la entrega de la ley, el pectoral y la mitra de Aarón, el altar del incienso, el becerro de oro, la intercesión de Moisés y el velo de su rostro. Cincuenta y seis esquemas —skeletons en el original—, con sus divisiones, sus textos probatorios y sus aplicaciones, deliberadamente incompletos para que el predicador los llene con su propia lengua.
El episodio recorre la teología del tipo y la figura que sostiene todo el libro, el modo en que Simeon trata los textos duros sin suavizarlos ni forzarlos a un sistema, lo que significa predicar narrativa sin reducirla a moraleja, el veredicto de Spurgeon —que recogió la descripción de estos volúmenes como un valle de huesos secos y retó al lector a hacer de profeta para que vivan—, y lo que aporta esta edición: traducción íntegra y sin abreviar del impreso de 1836, con los títulos, divisiones y notas originales de Simeon, numeración continua desde el volumen anterior (del §63 al §118), y las valoraciones de Alan Munden, Daniel Kidder, Kent Hughes, Paul Rees, Spurgeon y John Booty que abren el libro.
Una conversación sobre tipología, predicación narrativa y por qué un esquema de Simeon solo sirve si alguien está dispuesto a trabajarlo.