La oveja se menciona en la Biblia más que cualquier otro animal, de hecho, más de 500 veces. Una oveja es aquella que
tiene más de un año, y un cordero es aquel que tiene menos de un año. Las ovejas se pueden reproducir, los corderos no.
Las ovejas eran muy importantes para la gente de los tiempos bíblicos. Eran parte de sus sacrificios (2 Cr. 7:5), al igual que
sus riquezas (Job 42:12).
El mundo en el que vivimos está industrializado y abunda en tecnología. Nuestras generaciones tienen dificultad al
relacionarse con cosas simples tales como la tierra, los cultivos y cosechas. Solamente un porcentaje muy pequeño puede
decir que han tenido la responsabilidad de criar ganado, ovejas, o incluso un jardín. Debido a que vivimos en tiempos tan
diferentes, es difícil imaginar la vida de un pastor y sus ovejas, no obstante, la Biblia está llena de cosas simples, pero,
importantes. Ella habla de gente que trabajó la tierra, cosechó, cuidó a sus animales y estaban plenamente conscientes
que dependían de Dios para su sustento.
Desde el primer pastor hasta el final del registro bíblico, las ovejas fueron criadas de manera personal, lo que permitía
que se formaran relaciones de cariño. Muchas veces el pastor criaba varias generaciones de crías producto de su rebaño
original. Simbólicamente, la Palabra de Dios usa ovejas para hacer referencia al pueblo de Dios. Si Dios nos compara con
ovejas, conviene que aprendamos y entendamos todo lo que podamos acerca de ellas (positivo o negativo). ¿Para qué?
Para que enteramente seamos lo que Él quiere que seamos y criemos las futuras generaciones y sigan obedientemente
en pos de Él. A medida que aprendamos de las ovejas literales, fijémonos en sus características, y consideremos porqué a
nosotros, como cristianos, se nos refiere como a ovejas en vez de leones o algún otro animal feroz.