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Or


Cuartel de San Pedro y San pablo; vieja iglesia o convento de tiempos antiguos en la esquina de una calle; encrucijadas y galerones que antes han de haber sido celdas de frailes; paredes viejas mal encaladas, amontonamiento de indios, soldados y oficiales presumidos.
Todo es pasajero en el mundo y la buena vida dura poco.
Dicen que todo cuanto le pasa a uno se encuentra escrito; será cierto o no, pero el caso es que mi sino era seguir siendo soldado y seguir marcando el paso.
Nos detuvimos todos los fugitivos en una hacienda que se llama Nazareno. En la casa grande se hizo el cuartel.
Como a las tres de la tarde empezamos a ver las polvaderas por el lado de Gómez Palacio. Eran siempre esas polvaderas la demostración de que el enemigo estaba encima. Venían al galope tendido en sus caballos.
A principios del mes de Abril me dieron de Alta. No pude aguantarme más, a pesar de todas las luchas que me fue posible hacer. Una buena tarde me llevaron al cuartel a la hora justa en que estaban pasando la "lista de las seis".
Otra vez en Torreón. Es el hospital civil, cerca de la Metalúrgica, el que me cobija ahora en lugar del cuartel del barrio de la Paloma Azul.
Me habían herido. Cuando volví en mí, estaba recostado sobre una cama de madera, en un cuarto del cuartel, que habían habilitado como hospital.
El día siguiente de nuestra llegada a Cuencamé salió el Séptimo Regimiento de Caballería para Parral, Chihuahua; ellos se fueron por un camino diferente al que habíamos traído nosotros, que de Torreón habíamos ido por ferrocarril hasta la estación de Velardeña y allí, por tierra, hasta aquel pueblo.
La Revolución iba creciendo. habían traído desde Tlalnepantla, cerca de México, al Séptimo Regimiento de Caballería para que fuera a batir a las partidas rebeldes que andaban por Durango; su matriz la había radicado en Cuencamé.
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Lectura de diversos textos que me gusta recordar.