Hubo dos reacciones políticas muy dañinas, una mucho peor que la otra. La primera es que tuvimos líderes, pocos en el mundo, que lo negaron. El caso de Trump es muy significativo porque dijo que Covid-19 era tonto e infectado; otro caso es el de Bolsonaro. La segunda es que tenemos políticos que, sin caer en la negación, sobreestimaron el riesgo del pánico y trataron de transmitir una imagen muy tranquila y subestimaron el peso de la negación. Así, sus mensajes tranquilizadores dificultan la atención, confirman la negación de las personas y dificultan la comprensión de los cambios que se deben realizar en su vida diaria. El gran problema es que ya se ha entendido que la emergencia es solo para cuando hay un aumento de hospitalizaciones y no estaba claro que lo que tenemos que hacer no es esperar el colapso de la salud, sino cambiar la vida diaria, entender que mientras no haya vacuna no podremos vivir como lo hacíamos antes de que llegara el virus. ¿Y eso significa? Que tenemos que implementar cambios cuando estamos en el espacio público, decidir con quién nos vamos a encontrar, registrar nuestros contactos, usar mascarillas, en fin, hacer cambios que son difíciles de incorporar a nuestra vida. Por lo tanto, los mensajes tranquilizadores dificultan la realización de estos pasos. Compartir la gravedad de la situación puede ayudarlo a superar estos mecanismos de negación. - El sociólogo Daniel Feierstein para F1 Mundial