La Manada tiene miedo—y con razón. Los viejos mitos de libertad y derechos se están desmoronando bajo el peso de su propia hipocresía. La mayoría del mundo vive ahora bajo regímenes autoritarios, y el supuesto faro de la democracia, Estados Unidos, no es la excepción. Su dominio como hegemón global se tambalea, y con ello llega el pánico: represiones erráticas, revocaciones masivas, desapariciones. Mahmoud Khalil, Rümeysa Öztürk, Alfredo Juárez Zeferino, Kilmar Abrego, Ranjani Srinivasan, Mohsen Mahdawi—nombres que deberían estar en todos los titulares, no susurrados con temor. Personas atacadas por atreverse a hablar, a organizar, o por escribir un artículo de opinión en el periódico universitario en apoyo a Palestina. Más de 1700 estudiantes internacionales—sus visas revocadas, sin razón aparente. El Imperio está usando el mismo manual que antes exportaba para sostener dictadores en el extranjero—pero ahora el boomerang ha regresado, y apunta hacia adentro. Y sin embargo: Mohsen ha sido liberado recientemente. No está roto. No está doblegado. Está desafiante. Conocemos estos nombres porque la comunidad los hizo imposible de ignorar. Esa misma comunidad, tejida con solidaridad y un cuidado terco, es lo único que se interpone entre nosotros y el, y debe mantenerse en pie, firme, resistiendo.
Attencion: A la hora de publicación, Rumeysa Ozturk ha sido liberada. Nos faltan más: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos.”