De la mano de 619, The Grocery nos mete de lleno en un barrio marginal de Baltimore, de manera intencionadamente deudora a The Wire. Con una diferencia crucial, aquí, Ducoudray (guion) y Singelin (dibujo) no se centran en una trama policíaca, sino que nos presentan a Elliot, un crío que ve pasar el mundo desde el otro lado del cristal de la tienda de su padre. Y por esa tienda pasa de todo: camellos, policías no muy honrados y vecinos que bastante tienen con llegar vivos al día siguiente. Lo que hace especial a este cómic es el choque entre la crudeza de los temas tratados y el dibujo, en el que Singelin diseña los personajes como extrañas y amables antropomorfizaciones en entornos llenos de detalles. No nos engañemos: The Grocery no trata únicamente de bandas y trapicheo; va de determinismo social, de la instrumentalización de la población por parte de las instituciones, de la pérdida de la inocencia y de un sistema montado para que, por mucho que te esfuerces, el barrio no te suelta. Una lectura que recomendamos sin reservas y que, avisamos, deja marca.