¿Te ha pasado que tu mejor amigo se queja de que lo dejas en visto, no porque no viste el mensaje, sino porque no querías responder algo incómodo? A veces así mismo vivimos con Dios: no porque no haya hablado, sino porque ya entendimos lo que nos pidió y obedecer nos confronta. Evadir una conversación difícil puede dar alivio por un momento, pero normalmente hace crecer la ansiedad y la incomodidad después. En este episodio hablamos, sin filtros, de esa tendencia a disfrazar la desobediencia de duda, espera o confusión, y de cómo volver a abrir esa conversación puede ser el primer paso hacia una paz real