En el AT se hacían largas jornadas de ayuno y oración esperando alguna respuesta de parte de Dios concerniente a un asunto, ya fuera de carácter militar, personal, familiar, ministerial etc. Durante varios días los habitantes de Jerusalén esperaban al sacerdote o profeta que este tuviese revelación de parte de Dios para ellos actuar.
Desde el momento de la salida del pueblo hebreo de Egipto, esa fue la constante. Hasta el punto que muchos decidieron hacerse un becerro de oro y adorarle; porque Moisés ya llevaba según su parecer cuarenta días desaparecido. Éxodo 32:1
Así que había una dependencia casi absoluta de los líderes religiosos para poder actuar. Podemos ver el mismo patrón en todos los libros de los reyes, de crónicas y los profetas.
Pero revelado el Cristo, ahora Dios espera que cada hombre se acerque a Él sin temor por medio de la persona y el Nombre de su amado Hijo.
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