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Para que la risa sea efectiva y podamos gozar de sus innumerables beneficios, la carcajada debe ser franca y sincera, esa que sale de dentro y notamos en el estómago. Así que, por favor, sonría y encárguese de que sonrían los suyos.
Es precisamente el odio a la diferencia el que nos pone una venda moral para censurar, discriminar y herir a nuestro prójimo y por eso mismo aquí queremos celebrar y promover esa diferencia. Recuerden: los niños no odian, los enseñamos a odiar. Y solo el amor nos hará libres.
Ya lo dijo Jesucristo, ese judío loco en esa lengua imprecisa en el orden preposicional: "ámense los unos a los otros" puede tomarse como "ámense los unos sobre los otros; bajo los otros, entre los otros..." y así sucesivamente hasta el infinito en una orgía universal entre todos los seres de la creación.
De las andanzas del borrico Toliño, la cabra guajira, Cristina y el Berliner Schnauze.
"Que lo sepan: A mí no me pasó como a Gelsomina. Nadie me vendió. La única decisión que tomé en mi vida con plena libertad fue la de unirme al circo, al Circo Iberia".
Fue así como empecé a rodar por España, de las Alpujarras a Manganeses de la Polvorosa, de Tordesillas a Ibi y aun más allá. En esos años, fui miembro nada honorable de una sociedad marginal, ambulante, filosófica, artística y estafadora, dedicada a vagar de pueblo en pueblo para entretener el gusto, el tedio y la ilusión de sus gentes.
Ilustrados y aventureros, el fantástico hombre bala, la mujer barbuda, el mono Pitirra, los payasos musicales y los perritos equilibristas terminaron por descubrirme unas cuantas verdades que aquí vengo a compartirles.
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