Era 1951 y España era ese país pobre, de pasado espléndido y gris presente, cuando aterrizó Ava Gardner para rodar Pandora y el holandés errante. Lo que iba a ser el efímero paso por nuestro país del 'animal más bello del mundo', como por entonces era conocida la actriz, desembocó en una apasionante historia de amor entre la estrella y España, donde terminó viviendo durante casi una década: entre 1954 y 1963.
Es caer en el tópico decir que le atraían los hombres españoles, los machos de denominación exclusiva Made in Spain, toreros y flamencos, de los que tuvo una buena nómina de amantes -Mario Cabré y Luis Miguel Dominguín, entre otros. Lo que en realidad le gustaba de España era que no hubiese prensa del corazón. Podría decirse que en los años 50 no había prensa de nada en nuestro país, pues la censura controlaba no solo la información política, sino la moralidad de las costumbres, en el sentido de que de las costumbres inmorales no se hablaba.
Se dice que una noche loca la actriz terminó descalza en la Puerta del Sol. En vez de volver a casa en un taxi, paró un camión de la basura y regresó con sus ocupantes cantando éxitos del momento. La verdad es que desde 1963 permanecía fuera temporadas cada vez más largas, y por fin, en 1968, se marchó definitivamente y se instaló en Londres.