Hay algo incómodo que pocos se atreven a decir en voz alta… muchas personas sonríen… pero no son felices.
No porque no tengan motivos para agradecer, no porque la vida les haya negado todo… sino porque, en algún punto del camino, hicieron un trato silencioso consigo mismos: cambiaron sus sueños por comodidad.
Y lo más peligroso… es que aprendieron a llamarle “estar bien”.