Aunque sea de forma esporádica, las protestas vuelven a Beirut. Decenas de vehículos militares rodean estos días el parlamento del Líbano, ante la frustración que expresan centenares de trabajadores públicos retirados. La libra libanesa ha perdido el 99% de su valor, y la retribución en moneda local de los funcionarios ha quedado reducida a lo que equivale a 50 dólares mensuales. Informa desde Beirut, el corresponsal de RFI Joan Cabasés Vega A pesar de ello, el país sigue sin presidente y sin gobierno, lo que impide la reacción política. Najat Saliba, diputada por un grupo surgido tras las revueltas de 2019, lo denuncia en RFI. “Lo que estamos viviendo ahora mismo es un completo vacío de poder. Y es por eso que asistimos al deterioro de la libra libanesa y que vemos a gente enfadada en las calles. En la situación actual, no podemos importar alimentos ni medicinas, nada, porque no hay institución gubernamental. Y, al mismo tiempo, no podemos crear nuevas leyes ni aplicar las que ya existen”, declara Saliba, una de las líderes políticas surgidas tras el ciclo de movilizaciones que sacudió Líbano en 2019. El momento más desesperanzador en la historia del país no puede con el convencimiento de esta experta y activista medioambiental, que logró entrar al parlamento durante las elecciones generales de mayo de 2022. Lo hizo junto con otras 12 personas, con quienes forman el bloque de los diputados por el cambio. “Necesitamos estructura, líder, estrategia. En la revolución cada cual creía que tenía la razón y la fragmentación impidió desafiar el enemigo, que son los lideres corruptos que gobiernan este país.Esto se evidenció en las elecciones de 2022. Con la fragmentación solo pudimos conseguir 13 diputados, y no 40. Pero todo esto ha sacudido el gobierno y los lideres. Hoy vemos un montón de camiones militares preparándose para frenar las protestas. Esto es lo único que da miedo a los señores de la guerra”, afima. Tanto Saliba como el también diputado por el cambio Melhem Khalaf permanecen en el parlamento día y noche desde hace más de 70 jornadas. La acción, aseguran, trata de presionar al resto de diputados para que superen sus diferencias y elijan un presidente. “Para que las instituciones ejecutiva y legislativa puedan trabajar, necesitamos empezar por la elección del presidente, que es quien nominará un primer ministro que, a su tiempo, será quien forme un ejecutivo”, dice la diputada. A las zonas de copas de Beirut acude la minoría más afortunada del Líbano. Son el 13% de la población que recibe su sueldo en dólares. En esas mismas calles resisten algunos residentes cuyas historias son las de la mayoría del país. El desplome de la moneda local deja sus salarios en nada y la corrupción del sistema bancario ha hecho desaparecer todos sus ahorros. "Antes, el banco sólo me dejaba acceder a 200 dólares de mi propio dinero cada mes. Ahora, solo me dejan acceder a 50. Todo el dinero que he ahorrado en 60 años se ha esfumado”, explica Vatche, libanés de origen armenio y residente en el barrio de Mar Mikhail. Personas como la diputada Saliba y tantas otras se esfuerzan en construir unas instituciones que merezcan la confianza de la población. Pero Vatche avanza que tienen mucho trabajo por hacer. “Todo el mundo tenía todo su dinero en el banco y ahora se ha volatilizado. Ahora, nadie confía en los bancos. El gobierno, los ministros y todos los corruptos han cogido el dinero y se lo han llevado fuera del Líbano”, denuncia Vatche.