Israel Keyes parecía llevar una vida completamente normal. Era contratista de construcción, exsoldado del Ejército de los Estados Unidos y padre dedicado que vivía en Anchorage, Alaska. Para quienes lo conocían, no había señales visibles de violencia. Sin embargo, tras esa apariencia se ocultaba uno de los asesinos seriales más metódicos de la historia criminal moderna en Estados Unidos. A diferencia de otros asesinos en serie, Keyes no elegía víctimas específicas ni actuaba cerca de su entorno. Viajaba por todo el país y enterraba con años de anticipación los llamados kits de asesinato en zonas remotas. Cuando decidía actuar, volaba a otra ciudad, recuperaba las armas ocultas y atacaba a desconocidos elegidos al azar. Durante años, sus crímenes dejaron casi ningún rastro. Todo cambió en febrero de dos mil doce, cuando Samantha Koenig, de dieciocho años, fue secuestrada mientras trabajaba sola en un puesto de café en Anchorage. Retiros de dinero, cámaras de vigilancia y una investigación a nivel nacional permitieron finalmente seguir su rastro hasta Texas, donde fue arrestado semanas después. Durante largos interrogatorios con el FBI, Keyes confesó varios asesinatos y sugirió la existencia de muchas más víctimas en distintos estados. Antes de enfrentar el juicio, murió por suicidio en su celda, llevándose consigo numerosos secretos. Hasta hoy, las autoridades creen que el número real de víctimas podría nunca conocerse. Esta es la historia de Israel Keyes, un asesino que planeaba durante años, cruzaba miles de kilómetros y permaneció oculto tras una vida aparentemente común.
Este episodio incluye contenido generado por IA.