Hay un edificio en la capital de este país que lleva más de treinta años esperando a su primer
huésped. Hay una canción de hace veinte años que, a mitad de la letra, cambia de género musical sin ningún aviso. Y hay un himno que comparte nombre, pero ni una sola nota con el de su vecino del sur, del que quedó separado hace más de siete décadas por una de las fronteras más vigiladas del planeta.
Este episodio te lleva a un país que casi todo el mundo cree conocer por lo que ve en las noticias, pero que muy pocas veces se explica desde su historia, su idioma o su música. Vas a encontrar flores con nombre de presidente, un lago sagrado en la cima de un volcán, un récord Guinness de cien mil personas moviéndose al mismo tiempo, y una sencilla canción de amor que terminó siendo, contra todo pronóstico, uno de los pocos puentes culturales entre dos países separados por una de las fronteras más vigiladas del planeta.