Un alma en Cristo https://unalmaencristo.my.canva.site/redessociales
📕 Libro II Un alma en Cristo
𝕌𝕟𝕒 𝕗𝕠𝕣𝕞𝕒 𝕟𝕦𝕖𝕧𝕒 𝕕𝕖 𝕖𝕟𝕥𝕖𝕟𝕕𝕖𝕣
Estoy en oración en mi habitación. Señor, vislumbro unos nuevos pensamientos en mí; no quiero perder esa otra dimensión que parece querer abrirse paso en mí. Es como si estuviera a las puertas de un castillo en el cual hubiera algo muy hermoso por descubrir, pero que no se sabe qué es. Así es como me siento. Sólo sé que, de conseguirlo, habré dado un gran paso en mi caminar en tu Santo Nombre. Por lo demás, creo que no hago las cosas bien, pues siempre me duermo por todas partes y no alcanzo a hacer todo lo que he de hacer. Quisiera embeberme en tu pensamiento y que nada me sacara de Él. Por el contrario, miles de pensamientos acuden a mi mente que me distraen y me llenan de pesar, por no haberte tenido como centro de mi atención.
Hija mía ¿qué puedo reprocharte? Tu voluntad está conmigo, pero tu pobre cabeza se va donde no debe, quedando ocupado el lugar dedicado a Mí, por cosas sin importancia. Y Yo quedo fuera. De pronto mi amada se sobresalta y me coge fuerte y me dice: «Mi amor, perdona esta cabeza mía» ¿Qué hacer? Hija mía, ¿acaso puedo Yo castigar cuando el pensamiento merodea escapándose del control de la mente, ajeno a la voluntad del hombre? Cuando en tu alma hay dolor por el aparente abandono, no puedo castigar, sólo puedo decir: Mi pequeña, di a tu pensamiento que se concentre en tu Dios, que no busque fuera de ti lo que encontrará dentro de tu corazón, que vacíe la estancia de trastos y limpie el lugar, adornándolo con los mejores pensamientos de amor y se sienta recogido en sí, esperando al amado, que vendrá sin hacerse esperar y ocupará toda la estancia diciendo: «¡Qué lugar tan hermoso! Es el lugar de reposo para mi Corazón dolorido».
Hija mía, realmente estás en una postura de comprensión. Ese sentimiento que vislumbra tu mente no pasará. No debes forzar tu mente para discernir qué será. Es muy sencillo: es una forma nueva de entender. Tú, que siempre actúas de forma precipitada e impulsiva, ves, ante ti, como un mar calmado donde el maestro camina sobre las aguas y te invita a ir hacia Él. Te dice: Calma, hija mía; ven, no tengas miedo. Yo te enseñaré a caminar.
Antes de hacer nada, piensa primero esto: ¿Cómo lo haría mi Señor? ¿Cómo actuaría ante esta situación? ¿Cómo hablaría mi Dios? Y esfuérzate en pensar, no cómo tú actuarías, sino como Yo lo haría.
Coge el santo Evangelio. Está lleno del modo cómo Yo trataba a los hombres. Créeme, hija mía, cuando reflexiones y aprendas a imitarme, llegará poco a poco la Sabiduría, de la cual tú estás a las puertas. A mayor esfuerzo, mayor gracia; pues, cuando el hombre busca a Dios, éste se manifiesta en su esplendor. Para disponerse a ello, el hombre debe despojarse de sí mismo pues, como bien tú has dicho esta mañana, el dios que más adora el hombre es el dios de sí mismo, por ello es de lo primero que hay que despojarse.
Tú, quiérete menos a ti misma. Cuando tus hermanos te hagan algo que no te guste, piensa ¿qué haría Jesús? ¿se ofendería? ¿pensaría mal de ellos? o, por el contrario, diría: «Pobres hijos míos…, qué faltos de amor estáis, qué pobres sois». Al pensar esto, sabrías que en la mente de aquel hermano no ha entrado la luz, y, si tú eres poseedora de la luz, ¿cómo no alumbrar al otro? Pero ¿cómo podrías alumbrar si te enfadaste y te doliste? Es mediante el amor, que surge la verdadera Sabiduría; es mediante el perdón, que fluye la luz; es mediante la misericordia, que nace la humildad y la caridad; es bajo la presencia de estos sentimientos, que se perdona y se dice: «Padre, perdónalos, que no saben lo que hacen».
Cuando uno posee estos sentimientos en su alma, entonces ya no le es permitido el rencor, ni la soberbia, ni la venganza, porque su alma ya ha alcanzado la Sabiduría Divina.
Grupo María Auxiliadora (1990). Un alma en Cristo Libro II