Un alma en Cristo https://unalmaencristo.my.canva.site/redessociales
📕 Libro II Un alma en Cristo
ℕ𝕠 𝕒𝕔𝕖𝕡𝕥𝕖𝕤 𝕕𝕚𝕟𝕖𝕣𝕠 𝕡𝕠𝕣 𝕝𝕒𝕤 𝕖𝕤𝕥𝕒𝕞𝕡𝕒𝕤
En oración en mi habitación. Señor, te pregunto por Marcelina y el gesto que ha tenido de pagar tantas estampas de la Virgen para el Grupo y sus enfermos. Yo había pensado hacer una colecta para ayudar a pagarlas. Después ella me ha preguntado sobre si debe aceptar dinero, cuando la gente se lo da a cambio de la estampa. Sería para dárselo al Padre Josep, para sus pobres. El Señor me habla para Marcelina.
Hija mía, Marcelina amada, Yo te bendigo por todo lo que haces por mis hijos, los desventurados. Hija mía, me lo haces a Mí.
Has tenido una gran idea de hacer estampas de mi santa Madre, a la cual Yo amo como Hijo, y porque en el mundo no ha habido ni habrá mujer como Ella. Fue creada por Dios Padre expresa y únicamente para ser la Madre de Dios Hijo. Ella es la llena de gracia, la Inmaculada Concepción, mi Santa Madre.
Hija mía, daréis la imagen de María junto con la de mi Sagrado Corazón. Las dos imágenes repartirán gracias a quienes las posean. Serán escuchadas las súplicas de los que oren ante ellas, pues dichas imágenes están, por mi gracia, llenas de dones para ayudar a todos mis hijos. Son como las armas de un ejército. Para defenderos del enemigo, rezaréis las oraciones de las estampas del Corazón Inmaculado de María y de mi Sagrado Corazón.
Hija mía, no aceptes dinero por las estampas, ni siquiera para hacer caridad. Di a las personas que te quieran dar dinero a cambio, que se lo den a los necesitados, en nombre de la Santísima Trinidad o de mi santa Madre. Es una forma de ir enseñando a tus hermanos y de que tú te veas libre del mal pensar de algunos. No debes aceptar, por tanto, nada a cambio; es un regalo que tú ofreces de incalculable valor, el cual no hay dinero que lo pueda comprar. Hija mía, te quiero. Sigue trabajando en el Grupo.
Piensa que mi hija te necesita. Este Grupo de María Auxiliadora es para ella una carga, que ofrece por amor a mi divino Corazón. Únete a ella y a los demás y trabajad unidos a mi santo nombre.
Padre, yo soy quizás demasiado espontánea cuando digo que hago lo del Grupo por ti; pero que conste, que si no fuera por ti, yo no lo haría. El Grupo es para mí como una pequeña cruz que me ha caído encima, pero que, a la vez, no puedo ni quiero quitarme de encima, ni separarme de ella. Pienso en mi vejez, y no era esto lo que yo quería. Quería descansar sin prisas ni agobios. Y, en cambio, me veo corriendo de un lado para otro, sin descansar. Lo digo porque así lo siento y creo, Señor, que tú no sufrirás porque lo diga, pues tú sabes bien que estoy dispuesta; con entrega total y absoluta, con todo mi corazón.
Mi amada criatura. Sólo Yo sé cómo te cuesta; sólo Yo sé los escrúpulos que tienes que vencer para tirar adelante; sólo Yo sé cuánto me amas y, por ello, te digo: Hija mía, te amo y te bendigo.
Hija mía, seguir la gracia no es fácil. Creer que cuando se ama a Dios todo se hace gozosamente y sin esfuerzo, es erróneo. Precisamente el mérito está en los que, aun no estando de acuerdo con lo que hacen, venciéndose a sí mismos, hacen mi Divina Voluntad. Si tú hicieras lo que haces porque a ti te gusta, ¿qué valor tendrías a mis ojos? Sí, tendría valor porque la caridad siempre tiene valor: su valor es intrínseco e incalculable. Así, todos los hechos buenos que podáis hacer al prójimo, si están hechos sin caridad, de poco sirven. Pues bien, ¡imagínate si tiene importancia para tu Dios el que, sin entrar en tus cálculos de futuro, tú los cambies en contra de tu voluntad por amor a Mí! No temas, hija mía, que Yo estoy en tu pobre corazón y sé que te expresas con toda sinceridad.
Grupo María Auxiliadora (1990). Un alma en Cristo Libro II