Un alma en Cristo https://unalmaencristo.my.canva.site/redessociales
📕 Libro II Un alma en Cristo
He llegado de un retiro en la casa de ejercicios de unos religiosos. Es la primera vez que estoy tantas horas delante del Señor Sacramentado. Me siento muy bien. Tenía miedo de no poderme estar quieta, pues ¡como siempre tengo algo que hacer! Siento que debo ir por este camino, encontrándome en Cristo Sacramentado. Pienso que éste es el prado verde que descubrí en la Semana Santa del año pasado en Jerusalén, y que yo debía recorrer, pero no sabía cómo. Pienso que debo introducirme en la oración y, para ello, debo aprender a pasar muchas horas ante el Sagrario. Como eso en mi vida diaria no es posible, creo que debo valerme de retiros, asistiendo a todos los que pueda, mientras mi familia lo acepte. Soy muy feliz. Ahora también he logrado vencerme por la mañana para rezar el santo Rosario. Me levanto, me lavo y, entonces, lo rezo. Pienso que el Señor manifiesta mucha misericordia conmigo y no me falta su Gracia para ir a su encuentro. Mañana es la reunión del Grupo de María Auxiliadora y no sé si el Señor querrá decirme algo.
Hija mía, sí, quiero decirles algo. Pero primero déjame decirte cuán feliz ha sido tu Señor con tu presencia delante del Sagrario. ¡Cómo te he amado y estrechado contra mi divino Corazón! Es cierto que el prado verde que se abría delante de ti es la oración. En ella encontrarás ríos de gracia santificante, brisa fresca, que te envolverán en la dulzura de tu Dios. No temas, aprenderás rápido, pues tu alma ansía mi presencia y, como con el imán, se deja atraer por mi amor.
Ahora hablaré al Grupo, pues es Cuaresma y debo hablarles.
Hijos míos, estamos en Cuaresma, tiempo de penitencia, tiempo de meditación y compromiso para con vuestro Dios.
El Hijo del hombre sufre en su alma la tortura del desamor: el dolor que le hace sudar sangre en el Huerto. La visión de los pecados de los hombres será la gran Cruz en la cual será de nuevo crucificado.
Hoy, más que nunca el pecado destruye al mundo. En vano el Padre grita, pero el hombre no escucha y Yo sufro la tortura de una nueva crucifixión. Cada alma que se aleja, cada hombre que peca, es como si nuevos latigazos cayeran sobre mi espalda. Me causa horror mirar al mundo, hijos míos.
Bien amados míos, todos vosotros os habéis puesto a caminar en mi Nombre, a todos os bendigo y os amo con locura. Quiero que en este tiempo de Cuaresma renovéis los votos de seguirme en los enfermos. No es necesario que os reunáis todos para hacer dicha consagración: debéis hacerla en vuestras parroquias cada vez que vayáis a Misa. Es como decir: «Quiero seguirte, Padre mío, e iré donde me has llamado. Seguiré visitando a los enfermos y desamparados. Yo te prometo ver en ellos a otros Cristos que sufren la crucifixión de la enfermedad y de la muerte».
Servidme de consuelo, hijos míos, amados de mi Corazón, mis consoladores, mis apóstoles, peregrinos en el nombre de Cristo.
Grupo María Auxiliadora (1991). Un alma en Cristo Libro II