Un alma en Cristo

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  • 158 Un religioso con problemas UN ALMA EN CRISTO (1993) Libro 2

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    🎧 Audio 158

    📕 Libro II Un alma en Cristo

    3 de mayo de 1993

    𝕌𝕟 𝕣𝕖𝕝𝕚𝕘𝕚𝕠𝕤𝕠 𝕔𝕠𝕟 𝕡𝕣𝕠𝕓𝕝𝕖𝕞𝕒𝕤

    Señor, N. me ha pedido que te hable de un religioso sacerdote que vive con mucho desánimo y en un abandono casi total. N. no encuentra palabras para animarlo en la fe. Se ve que el pobre Padre está un poco perdido.

    Hija mía, este sacerdote ha vivido intensamente un camino que no está demasiado de acuerdo con mi doctrina. Sí, ha sido fiel a sí mismo y es bueno; pero no ha vivido el abandono en Mí. Es un hombre inteligente que ha mirado mucho los valores humanos y los ha puesto en práctica. Por todo ello, ahora, cuando necesita más de los demás, cuando espera recoger, no recoge nada, pues ha puesto su esperanza en el hombre. Siendo sacerdote y creyendo en Dios, ha valorado mucho, demasiado, al hombre. Esto, hija mía, no quiere decir que haya sido un mal sacerdote. Sólo que, al no haberse entregado totalmente a su Dios, ahora, cuando más necesita la fe, ésta se tambalea dando lugar al desaliento, a las dudas y, como resultado, a un estado depresivo dentro del cual se encuentra perdido.

    Debes hablarle de su juventud, de lo que le impulsó a ser sacerdote, de Cristo. Pídele que vuelva a la fe de aquellos tiempos; dile que Jesús está con él y dentro de él y que, en los momentos de desánimo, piense en su vida entregada a mi Ministerio. Dile que eso no ha sido en valde. Que está aquí en mi Presencia, como hijo predilecto que respondió a Mi llamada. Que mire al Cielo y pida ayuda a la Virgen Santísima, ofreciendo cada día, cada hora, su vida, su alma al Padre. Yo tendré Misericordia de él.

    Grupo María Auxiliadora (1993). Un alma en Cristo Libro II

    5 min
  • 157 Cuando se acepta, la Cruz es ligera UN ALMA EN CRISTO (1993) Libro 2

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    🎧 Audio 157

    📕 Libro II Un alma en Cristo

    2 de mayo de 1993

    ℂ𝕦𝕒𝕟𝕕𝕠 𝕤𝕖 𝕒𝕔𝕖𝕡𝕥𝕒, 𝕝𝕒 ℂ𝕣𝕦𝕫 𝕖𝕤 𝕝𝕚𝕘𝕖𝕣𝕒

    Un día por la calle, cuando iba a trabajar, le decía al Padre: ¿Cómo es que me mandas la carga que supone la enfermedad de mi suegro, teniendo que poner una mujer que vele por él mientras yo trabajo y, para moverme, yo tenga que pedir ayuda a otras personas? Él me contesta:

    Cuando se acepta, la Cruz es ligera; pero cuando se rechaza, es muy pesada.

    Por la misma causa, otro día me dijo:

    Mi divino Hijo te dijo que subirías un peldaño. Él los subió todos de una vez. La Santísima Virgen también. Pero el hombre necesita ir subiendo de uno en uno, a base de purificaciones, y siempre con la ayuda de mi Gracia. Piensa, hija mía, que los peldaños para llegar a Mí son muy altos y necesitas mi ayuda. Alégrate, pues, y piensa que estarás más cerca de Mí.

    Grupo María Auxiliadora (1993). Un alma en Cristo Libro II

    3 min
  • 156 Para la celebración en Girona UN ALMA EN CRISTO (1993) Libro 2

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    🎧 Audio 156

    📕 Libro II Un alma en Cristo

    25 de abril de 1993

    ℙ𝕒𝕣𝕒 𝕝𝕒 𝕔𝕖𝕝𝕖𝕓𝕣𝕒𝕔𝕚ó𝕟 𝕖𝕟 𝔾𝕚𝕣𝕠𝕟𝕒

    Mañana, Señor, tengo la reunión del Grupo. Tengo que leerles el último mensaje. Tú, Señor, ¿quieres decirles algo más?

    Hija mía, dales el último mensaje. Para mañana no diré nada. Sí, la próxima reunión. Yo, hija mía, siempre tengo algo que decir. Pero mañana ya tendrán la copia del mensaje y ahí sí digo mucho.

    Me gustaría que Tú, mi Señor, me dijeras algo para cuando vayamos a Girona para reunirnos con el Grupo de allí y celebrar juntos la fiesta de María Auxiliadora y hacer la Misa de consagración. El sacerdote lo podría leer como cosa suya o lo podría leer yo misma. Pero sin decir que es un mensaje tuyo, de la Voz que oigo. Sí, podría empezar diciendo: «Así dice el Señor». Como si fuese sacado de algún libro o de una frase del evangelio. A mí no me hace nada decir que eres Tú, Amor mío, quien nos hablas; pero en Girona el Grupo está comenzando y es todavía débil.

    No temas, hija mía, ni des más explicaciones. Sé lo que me quieres decir. Es cierto que no sería bueno, de momento, decir o destacar la procedencia de los mensajes o el origen del Grupo de María Auxiliadora. Es buena idea que, de forma velada, se diga lo que se debe decir. Hija mía, debes leerlo tú. No dirás que soy Yo quien lo ha dicho, pero tampoco dirás que no lo soy. Si alguien te pregunta acerca de ello manifestarás la verdad.

    Queridos miembros del Grupo de María Auxiliadora, queridos hermanos todos, los que amamos al Señor:

    Así dice Él, nuestro Dios, en su Evangelio. «Amaos los unos a los otros, como Yo os amo»; «El que vaya a visitar a un enfermo, es a Mí a quien visita; «Da de comer al hambriento»; «Si tu hermano te pide la túnica, dale también el manto». Todo esto está en el Evangelio y nos da a conocer de cuántas formas se debe hacer las obras de Misericordia y cómo ha de comportarse el cristiano. Este debe elegir una manera de caminar en el nombre de Cristo decidiéndose por aquello que, en su situación y caso, más agradaría a Nuestro Señor.

    Cuando una persona se decide a ser cristiana de verdad debe hacer un examen de conciencia. Debe preguntarse primero: «¿Por qué soy cristiano?». Después: «¿Amo a Dios Nuestro Señor?». Y luego debe pensar en lo que el Señor nos manda en sus Mandamientos: los que Jesús redujo a dos. Amarás al Señor, tu Dios, y al prójimo como a ti mismo. Y ya entonces es el momento de decidirse a caminar, pensando: «¿Cómo haré para que mi Señor esté contento?» Yo, por mí, nada puedo hacer pues soy una criatura débil e inútil. Pero me acercaré con humildad y amor a aquel que es fuente de poder, a aquel que es todo Amor. Y Él me dará lo necesario para que pueda hacer su Voluntad.

    La forma más adecuada de demostrar al Señor que le amamos es tratar de hacer su Divina Voluntad. Esta, para mí, es acercarse al hermano enfermo venciendo para ello la repugnancia que a veces sentimos; venciendo la comodidad, pues salimos de nuestros hogares cuando más llenos de problemas estamos. Para marchar hacia lo que creemos que el Señor nos pide, tenemos que dejarlo todo. También hemos de vencer el desánimo, que nos ataca cuando creemos que no hacemos nada.

    Pero Yo os digo que sólo el hecho de estar disponibles, sólo la acción de movernos en el nombre de Cristo, sólo el amor que ponemos en querer hacer la Voluntad del que tanto nos ama… sólo eso ya es oración, y una de las mejores formas de entregarse a Dios. Por eso Yo os digo: vale la pena intentarlo, vale la pena caminar pues la recompensa es muy alta. Dios es nuestra recompensa. Dios, que nos espera en nuestros hermanos enfermos.

    Grupo María Auxiliadora (1993). Un alma en Cristo Libro II

    10 min
  • 155 Sólo pido fe UN ALMA EN CRISTO (1993) Libro 2

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    🎧 Audio 155

    📕 Libro II Un alma en Cristo

    19 de abril de 1993

    𝕊ó𝕝𝕠 𝕡𝕚𝕕𝕠 𝕗𝕖

    En mi habitación. Le decía a un amigo cuánto me amaba Jesús; que me sentía amada inmensamente. Cómo tiraba de mi pobre alma hacia Él; tanto, que es como si ella quisiera salirse por la boca. Tengo que respirar hondo y profundamente para dar cabida al alma en mi pecho, pues a veces pienso que no cabe en él, de la alegría que la llena.

    Mi bien amada criatura, es cierto que no cabe tu alma en tu pecho. Henchida y gozosa salta dentro de ti. Tú, mi pequeña, me bendices por tanto amor. Es cierto que nadie te amó ni te amará tanto como Yo. Si te vieras con mis propios ojos verías un alma pequeñísima purificándose en el amor de Dios omnipotente. Esta alma, en mis manos, recobra una blancura sobrenatural: resplandece y su voz ciega de tanto fulgor, de tanto brillo, pues absorbe la Luz de Dios. Eso le pasa al alma cuando ama a Dios, se pone en sus manos y acepta su Divina Voluntad.

    Amada mía, no te quejes, no sufras. En verdad tus sufrimientos son pequeños y tu Cruz es poco pesada. Dame las gracias por ello constantemente.

    ¿Sabes? Cuando Yo estaba en la tierra a menudo curaba. Sanaba a muchas personas y sólo les preguntaba si tenían fe para que Yo las curase. Mira, ahora desde el Cielo sigo preguntando y sanando de igual forma. Sólo pido fe. Si además me aman, ¡qué alegría para mi Corazón!

    ¡Cuántos dones doy a esa alma! ¡Cuánta locura de amor hay en mi Corazón, y qué generoso me siento!

    Me miro en tu alma de niña y me recreo viendo el cambio que has hecho. Ahora sí puedo entrar en ella: hay un sitio para Mí. Antes estaba llena de trastos polvorientos y de rincones oscuros. Ahora entra la luz y es un lugar donde me gusta reposar. Suspira, hija mía, y ven a mis brazos. Te apretaré contra mi Corazón. Mira qué solo me siento; mira cuánto necesito amar y darme; mira que pocos me consuelan. Ven, amada niña mía, confía en Mí. No dudes nunca de mi amor en ti, ni de que te dirijo a mi placer. Lo hago con tu permiso. Te agradezco que, siempre que me pides algo, digas: «Hágase tu voluntad».
    Darse es darse en cada momento, en cada segundo. Es entregarse totalmente a pesar del sufrimiento y, si es necesario, morir. ¿Sabes, hija mía, que hay muchas formas de morir? También se puede morir de amor.

    Grupo María Auxiliadora (1993). Un alma en Cristo Libro II


    7 min
  • 154 Viernes Santo UN ALMA EN CRISTO (1993) Libro 2

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    🎧 Audio 154

    📕 Libro II Un alma en Cristo

    9 de abril de 1993

    𝕍𝕚𝕖𝕣𝕟𝕖𝕤 𝕊𝕒𝕟𝕥𝕠

    He llegado a la iglesia de Nuestra Señora de Montalegre a la una del mediodía. Esta Semana Santa tengo la sensación de haber olvidado a mi Señor. No escribo, hago el Rosario mal, no hablo con Él.

    Me siento sucia, desagradecida… como si le amara menos y esto me duele mucho. He sentido necesidad de confesarme y lo he hecho con un sacerdote que hay en un confesonario. He pedido perdón por mi desamor. Miro en mi interior y estoy en paz. Siento que, para mí, no hay nada más importante que Él, mi Amado. Pero ¡cuánto me cuesta someterme a lo que Él quiere! Yo, tan impaciente, debo esperar para trabajar sólo para Él.

    Veo a mi suegro cada vez peor, pero puede durar mucho. Yo estoy atada y, sin embargo, debo trabajar para el Señor. No me queda tiempo ni para la oración. Sé que Él hace estas cosas, ¡nos conoce tanto! Pero yo me impaciento y digo y veo lo poco que soy. Me abandono a su Voluntad. Lo necesito tanto… Necesito mirarlo, sentirme íntimamente unida a mi Creador; pero no puedo. Estoy agobiada por el exceso de trabajo. No llego a todos y tengo la sensación de abandono.

    Ayer, Jueves Santo, tuve que ir a urgencias con mi suegro. No pude estar con el Señor. No he podido seguir, como en otros años, los pasos de Jesús en su Pasión. Ahora, de pronto, estoy en Montalegre sola ante el Monumento. Él, mi Señor, ya pende de la Cruz y yo he llegado tarde a su encuentro. Amado mío, te quiero. Estoy contigo, mi bien.

    Hija mía, ¡cuánto te amo! No has llegado tarde. Estabas todo el tiempo a mi lado desde que empezó mi Pasión. Has estado acompañando a mi santa Madre, porque cuando un alma hace lo que debe hacer, está cerca del Señor. Y más cuando esta alma tiende desesperadamente a correr hacia Él. Amada mía, te he sentido cerca de Mí. He sentido tu amor y mi alma, agradecida, derrama torrentes de Gracia sobre mi pequeña.

    Hija mía, un año más, un año menos para ti y para los hombres. Todo está ya a punto de cumplirse. Sólo deberé ir al Padre donde recibiré honor y gloria. El Redentor del mundo pende de la Cruz por los pecados de los hombres. Tú, mi amor, llora su dolor y acompaña a mi santa Madre. Hija mía, no voy a decirte lo que pasará. Ya sabes que no lo hago pues quiero que el alma, entregada a Mí, viva esperándolo todo de su Creador, con plena confianza en Mí.

    Hoy, día de mi muerte, antes de ir al Padre quiero que me digas tu "sí": que quieres seguirme, que harás mi Divina Voluntad hasta tu muerte. Este consentimiento tuyo irá conmigo al Padre y estará en su Presencia eternamente. Di, hija mía: ¿Me amas?

    Sí, más que a nada.

    ¿Quieres seguirme toda tu vida?

    Sí, quiero y necesito seguirte.

    ¿Piensas sacrificarte por tus hermanos?

    Sí, pienso por tu amor, sacrificarme por ellos, pero necesitaré tu Gracia, pues tengo miedo de mí misma.

    Hija mía, mi Gracia está contigo y mi Amor te cubre por entero. Estas palabras tuyas estarán en la Presencia del Padre eternamente. Tengo sed, tengo sed… No de agua: tengo sed de almas, sed de amor.
    Ya falta poco, hija mía. Ya se nublan mis ojos. Ya sólo veo sombras, ya no distingo a mi santa Madre. ¡Qué agonía, hija mía! ¡Cuánto he sufrido y sufro! Tú sé mi consoladora, consolando a tus hermanos. Ámame, amando a los que se acerquen a ti. Sacrifícate por tu Dios, mira tu interior y piensa: «El Señor está con todo aquel que lo ama. Entraré en mi cámara oculta donde Él me espera y sentados, estaremos íntimamente unidos en el amor del Padre y de la Santísima Trinidad».

    Hija mía, después escribirás más. Ahora consuela a mi santa Madre. Su dolor es desesperante, no hay consuelo para ella (…).
    Grupo María Auxiliadora (1993). Un alma en Cristo Libro II

    13 min
  • 153 Llenaos de mi Misericordia UN ALMA EN CRISTO (1993) Libro 2

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    🎧 Audio 153

    📕 Libro II Un alma en Cristo

    8 de febrero de 1993

    𝕃𝕝𝕖𝕟𝕒𝕠𝕤 𝕕𝕖 𝕞𝕚 M𝕚𝕤𝕖𝕣𝕚𝕔𝕠𝕣𝕕𝕚𝕒

    El día 16 tenemos reunión del Grupo. No sé de qué voy a hablar, ni si el Señor querrá decirles alguna cosa. Yo creo que les iría bien un mensaje de entrada de año. Estoy en mi habitación en oración.

    Hija mía, hablaré al Grupo. Es bueno que les dé esos mensajes pues dan un impulso al Grupo y sus miembros ven así que trabajan para su Dios y que es bueno lo que hacen.

    De nuevo me dirijo a todos vosotros, los que trabajáis para Mí. El año que ha empezado vendrá lleno de incertidumbres para muchos de vuestros hermanos; además, la miseria en muchos hogares. No es que el año mismo venga con tan malos augurios, es el proceder del hombre que, poco a poco, va minando la naturaleza; socabando, en todo, lo bueno y lo hermoso que Dios creó y que, al paso del hombre, queda muerto, sin vida, porque el hombre camina pisando a sus semejantes sin caridad, sin conciencia. Mata a sus hermanos, los ultraja y tiraniza y a su vez, me crucifica.

    Hoy, más que nunca os necesito. Hoy, que el hombre cada día está más corrompido, más os necesito. Hay que trabajar con ahínco; hay que luchar con amor; hay que sembrar aunque la tierra esté baldía y seca; y aunque la esperanza de cosecha sea nula. Vosotros lucharéis por vuestros hermanos por amor a vuestro Dios. Yo veré vuestras intenciones y vuestra entrega. Cuando cojáis las manos a un enfermo –aunque creáis que no hacéis nada– si rezáis, sabiendo que Yo estoy donde vosotros estáis; si rezáis al Padre conmigo ¡cómo no os va a escuchar! Hijos míos, continuad adelante en mi santo Nombre. Entregaros en los brazos de María, mi santa Madre.

    Seguid Mis pasos; amaos los unos a los otros, como Yo os amo; haced obras de Misericordia. Mirad que se acercan días en los que el hombre deseará estar muerto. Vosotros, hijos míos, los que creéis en Mí: sed fuertes en mi amor: llenaros de mi Misericordia y entregadla a todos los que se acerquen a vosotros.

    Es hora de ponerse las sandalias, ceñirse el cinturón y caminar en mi santo Nombre.
    Es hora de dar alabanzas al Padre, de saberse hijos del Dios vivo. Y digo «vivo» porque Yo camino entre vosotros. Vosotros sois mis hijos muy amados porque me entregué en la Cruz por vuestra salvación y os redimí con mi Sangre. Luchad por el Grupo de María Auxiliadora: que se extienda este movimiento pues espero muchos frutos de él.
    Os amo, hijitos míos. No dudéis que os llevo de la mano.

    Grupo María Auxiliadora (1993). Un alma en Cristo Libro II

    7 min
  • 152 Este año que empieza UN ALMA EN CRISTO (1993) Libro 2

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    🎧 Audio 152

    📕 Libro II Un alma en Cristo

    2 de enero de 1993

    𝔼𝕤𝕥𝕖 𝕒ñ𝕠 𝕢𝕦𝕖 𝕖𝕞𝕡𝕚𝕖𝕫𝕒

    En oración a las 7:30 de la mañana. Necesito que el Señor me diga algo para este año que acaba de empezar. Le pido que durante él le ame más, y que sepa cumplir mejor sus mandatos. Como siempre, veo que no adelanto.

    Este año que empieza, comenzará para ti un nuevo estado de ánimo. Subirás un peldaño en la escalera que llega hasta Mí. Me sentirás más cerca y notarás Mi atracción con más fuerza. Este año será el de la confianza en tu Dios y del abandono total.

    No debes pensar ya: «Yo no me porto bien. Yo no soy digna de mi Señor». Hija mía, nadie es digno de Dios. Piensa más bien en amarme más profundamente abandonándolo todo en Mis manos. Los pensamientos sobre cómo eres, olvídalos. Cámbialos por los de amar más a tu Dios. Tú ya sabes que no eres digna, y por tanto, el tiempo en lamentarte de ti misma, cámbialo por alabanzas al Creador. Entrégate más y más porque Yo te guardo grandes goces del alma. Aún no conoces, hija mía, Mis delicias: el ardor que mi Amor produce en el alma que me ama y decide seguirme. Ese amor es tan intenso y profundo que lo voy dando poco a poco para que así el alma pueda soportar tanto calor, tanta ansia de mi Presencia. Por ello, hija mía, voy modelando tu alma, dándole a conocer poco a poco, para después atraerla hacia Mí con tanta fuerza que jamás se separará, porque ya es mía para siempre.

    Para este año, pues, confianza en tu Dios, abandono en tu Creador.

    Piensa de ti misma, con plena conciencia, que nada eres; eres sólo un instrumento en Mis manos, dispuesto a caminar en mi santo Nombre, sabiendo que te hallas en mi Presencia siempre, hagas lo que hagas. Por ello cuida tus expresiones y actitudes. No siempre son adecuadas a tu estado de alma. Tienes que tener un comportamiento que refleje tu estado interior pues, cada vez más, serás más observada y vigilada por las personas que te rodean. Ellas se mirarán en ti queriendo ver en ti Mi imagen. Debes pues cuidar todo, dominando tu impetuoso carácter. Hija mía, no es una riña.

    Grupo María Auxiliadora (1993). Un alma en Cristo Libro II

    6 min
  • 151 Un sueño UN ALMA EN CRISTO (1992) Libro 2

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    🎧 Audio 151

    📕 Libro II Un alma en Cristo

    27 de diciembre de 1992

    𝕌𝕟 𝕤𝕦𝕖ñ𝕠

    El otro día tuve un sueño que, de momento, no entendí. Después he pensado que tiene mucha importancia para mí. Vi en sueño a mi Director espiritual que me peinaba y trataba de ponerme presentable. Yo le dije: Padre, ¿usted cree que lo mío es cierto? ¿que realmente el Grupo de María Auxiliadora es de Dios? Él volviéndose me dijo: «Mira», y señaló hacia un punto. Miré hacia allí y vi una gran nave de medio cañón, que significaba la Iglesia, y pegada a esa nave, una más pequeña, que representaba el Grupo de María Auxiliadora. Esta era mucho más pequeña que la otra y salía de un lateral. Como yo no lo entendía, le pregunté al Señor: ¿Por qué mi Padre me peinaba y trataba de ponerme presentable? Y Él me dijo:

    Porque no eres digna y por eso aquel procuraba quitarte la fealdad para comparecer así dignamente en mi Presencia.

    Grupo María Auxiliadora (1992). Un alma en Cristo Libro II

    3 min
  • 150 Solo el amor es digno de Dios UN ALMA EN CRISTO (1992) Libro 2

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    🎧 Audio 150

    📕 Libro II Un alma en Cristo

    26 de diciembre de 1992

    𝕊𝕠𝕝𝕠 𝕖𝕝 𝕒𝕞𝕠𝕣 𝕖𝕤 𝕕𝕚𝕘𝕟𝕠 𝕕𝕖 𝔻𝕚𝕠𝕤

    En estos días, no recuerdo desde que fecha, me levanto antes y rezo el Santo Rosario. Pienso que ahora, más que nunca, necesito la oración y la consolación de mi Señor pues tengo problemas.

    Me doy pena a mí misma al verme siempre tan egoísta –¡pensando sólo en mí!– Miro el cuadro del Sagrado Corazón y pido perdón. ¿Cuándo me acercaré a ti para consolarte? Ayúdame. Él me dice:

    Yo te ayudaré, hija mía.

    Otro día, cuando iba al trabajo, en la oración que hago al Padre, en la que le beso con la imaginación los pies y las manos, sentí tanto amor que, en mi imaginación, lo abracé muy fuerte. Me di cuenta del gran respeto que tienen otras personas cuando hablan al Padre: lo hacen a través del Hijo y para hablar al Hijo a través de la Virgen. Sentí miedo de mi atrevimiento y, avergonzada, pedí perdón. Le dije: Padre, perdóname, yo no soy digna. Él me contestó:

    Es cierto, hija mía. Sólo hay una cosa digna de Dios, y eso es el amor.

    De estas palabras yo entendí que, si el hombre ama profundamente a Dios, él le permite esas expresiones.

    Grupo María Auxiliadora (1992). Un alma en Cristo Libro II

    4 min
  • 149 La ordenación de mujeres UN ALMA EN CRISTO (1992) Libro 2

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    🎧 Audio 149

    📕 Libro II Un alma en Cristo

    22 de noviembre de 1992

    𝕃𝕒 𝕠𝕣𝕕𝕖𝕟𝕒𝕔𝕚ó𝕟 𝕕𝕖 𝕞𝕦𝕛𝕖𝕣𝕖𝕤

    Un sacerdote me ha preguntado por la decisión de la Iglesia anglicana de ordenar a mujeres de sacerdote. Estoy en oración en mi habitación. ¿Qué me dices Tú, Señor, acerca de esto?

    Mi bien amada criatura. Tus ojos verán cosas insospechadas y tus oídos oirán palabras sin sentido. Todo aparecerá ante vuestros ojos como falsos profetas que presagian cosas que no han de ser. Ahora, más que nunca, empezarán a desatarse los acontecimientos inauditos y sorprendentes.
    Es el momento de creer en mi Evangelio, para que la Bestia no descarrile a mis hijos con infundadas historias. Todo está muy claro en mis Evangelios. En ellos no se dice que sea sacerdote una mujer.

    Hijo mío, la mujer no debe ser sacerdote. Ella cumple en la Iglesia otra función.
    Ella puede ser mi esposa en la vida de oración, pero nunca sacerdote. Sólo mis hijos, los hombres, pueden serlo. Yo nací hombre. Soy el primogénito del Padre desde antes de todos los tiempos y todo estaba dispuesto en la mente de Dios. Tú, hijo mío, puedes preguntarme: ¿Por qué no puede ser sacerdote una mujer? Yo te diré que, en el plan Divino, el sacerdote debe ser otro Cristo: hombre varón, nacido de mujer, para cumplir la Voluntad del Padre. El sacerdote debe parecerse en todo a Mí. A la mujer se le ha dado otra forma de servirme que no es de menos importancia. Ellas, en Mi Evangelio, y en Mi Vida, cumplen un gran papel. Mi historia humana está llena de mujeres elevadas a la dignidad más alta. Es el caso de mi santa Madre y de María Magdalena. Y a lo largo de la historia, ¡Cuántas santas!

    Pero la mujer no puede ser sacerdote en la Iglesia Católica y Romana. Si lo fuera, eso sería obra de los hombres, no de Dios, y sería señal de que la Iglesia se estaría acabando, de que no subsistiría. Pero eso no puede ser pues la Iglesia durará eternamente porque Yo viviré en ella por los siglos, hasta el final de los tiempos.

    Las razones que te doy no te parecerán muy convincentes, pero son las que te puedo dar. Yo escogí para Apóstoles a hombres, para que fueran sacerdotes en Cristo. Así debe seguir.
    Después he ido escogiendo a mujeres, pero con otra función: la de propagar mi santo Nombre, de difundir mi Evangelio. Ellas también son apóstoles; pero no pueden ser sacerdotes.

    Grupo María Auxiliadora (1992). Un alma en Cristo Libro II

    8 min

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