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🎧 Audio 28
📘Libro I Un alma en Cristo
2 de septiembre de 1984
En la iglesia, después de la Comunión. Yo le
decía que me hiciera digna de Él. El Señor me contesta:
Eres digna de Mí por tu amor. No hay nada digno
de Dios en el hombre; sólo es digno el amor a Dios. (p. 28)
En mi habitación, estando de oración. Yo le
decía al Señor: no hago nada para Ti, aparte de amarte. Me hago cargo de tu postura:
Tú eres como el padre que tiene un hijo tonto; no le pide más porque sabe que
nunca dará más. Me contesta:
Pero tú tienes una misión que cumplir; te estoy
preparando para ella. En mis manos tu alma cada vez se vuelve más blanca y más
fuerte. Te preparo para la batalla, hija mía. Confía en Mí, confía
en Mí siempre.
Yo le decía que tenía miedo de ser como el
que guardó el talento o denario y no lo hizo producir. Pero que yo no sabía qué
tenía que hacer. Él contesta:
El que lo guardó tenía miedo al riesgo, le
importaba el qué dirán. No supo cambiar de vida, guardó para sí su tesoro. Por
eso fue expulsado.
Yo no he cambiado de vida, Señor.
Tú has cambiado esencialmente, hasta el punto de
ser irreconocible para muchos. Estás, además, como un buen soldado a
la espera de mis mandatos. Te quiero, pequeña mía.
9 de septiembre de 1984
Después de la Comunión en la Iglesia. Yo le
pedía a la Virgen ayuda para saber estar a la vez con Dios y con los hombres.
Ella me contesta:
Estar con Dios es amar a los hombres.
𝑮𝒓𝒖𝒑𝒐 𝑴𝒂𝒓í𝒂 𝑨𝒖𝒙𝒊𝒍𝒊𝒂𝒅𝒐𝒓𝒂 (1984). 𝑼𝒏 𝒂𝒍𝒎𝒂 𝒆𝒏 𝑪𝒓𝒊𝒔𝒕𝒐. 𝑳𝒊𝒃𝒓𝒐 𝑰