Un alma en Cristo https://unalmaencristo.my.canva.site/redessociale 🎧 Audio 210 📘 Libro I Un alma en Cristo Capítulo II. MI VIDA Mi infancia (II) Hoy, 31 de julio de 1989, después de cinco años, continúo contando mi vida. Durante este tiempo he tratado de hacerlo, pero me ha sido imposible. Trataré de hacerlo ahora y, para ello, pido ayuda al Espíritu Santo a fin de escribir lo justo, no extendiéndome demasiado y, sobre todo, contando la verdad de mi vida. Mi madre le echaba en cara a mi padre: «Esta gente que no nos conoce ¿qué opinión van a coger de nosotros?». Ella era una mujer excepcional, creo que como ella hay pocas: alegre, guapa, trabajadora, honrada, con sentido práctico. A su lado vivíamos felices. Recuerdo que en los peores momentos de nuestras vidas ella salía diciendo: «Niñas, estamos en Barcelona, donde un carbonero está tiznado por la mañana y, por la tarde, lleva reloj de pulsera. Hay que luchar y tirar adelante con alegría». Y, acto seguido, nos explicaba su infancia. Nos hacía reír y llorar, porque hasta las penas más grandes, explicadas por ella, resultaban un sainete de los Hermanos Quintero. ¡Qué gracia le había dado Dios! Mi abuela era como el patriarca de la familia. Vivía con nosotros, era la madre de mi madre, pero era totalmente diferente de ésta: más seria, rígida en sus convicciones, valiente y de carácter. La queríamos mucho. Todos los miembros de la familia nos apretábamos entre nosotros buscando el calor que nadie nos daba. Pronto empezamos a notar el desprecio de los demás. He de decir que conmigo fueron crueles: nadie me miraba con simpatía, en sus ojos veía de todo menos amor. Yo era bastante alta para mis doce años, formada físicamente, más bien llenita. No entendía el porqué, puesto que yo no les había hecho nada malo. En mi casa trabajábamos de día y de noche para poder comer. Después de un año y medio de esfuerzo, pudimos trasladamos a vivir al núcleo urbano¹. La gente de la calle donde nos instalamos no nos quería. Empecé a salir con una niña, y su madre se lo prohibió. Más tarde sólo salía con mi hermana; no quise amigas. Tuve alguna, pero no duraron demasiado. En mi interior se iba formando un despecho y un odio a la humanidad. Trabajábamos mucho haciendo gabardinas en casa; así podíamos ir pasando. A los catorce o quince años conocí a un chico que empezó a cortejarme. Salí con él durante un año, pero no lo quería. Había pasado el tiempo y un día me di cuenta que no pasaba inadvertida de las mujeres, que me miraban con rabia, y de los hombres, que lo hacían con deseo. Poco a poco se fue creando en mí el deseo de vengarme. ¿Cómo podría hacer daño a aquella gente que tanto daño me habían hecho a mí? Esta era mi pregunta. _Cuando empecé a salir con mi marido, la gente salía a la calle a ver si era cierto que un chico del pueblo saliera con una charnega. «La suegra no lo querrá», decían sonriendo y murmurando entre dientes. Mi marido se quedó sin un amigo. Cuando íbamos por la calle y la gente me miraba, él me decía: «Levanta la cabeza, mira de frente, somos importantes. ¿No ves cómo nos miran?». Así fue creciendo mi odio; mi presencia era lo que producía el escándalo de aquellas gentes. No sabía por qué, puesto que no teníamos ropa; solamente lo justo; un vestido que se repetía domingo tras domingo. Entonces empecé a vestir de manera que resaltara más mi figura. ▪️ 𝘕𝘰𝘵𝘢 𝘈𝘤𝘭𝘢𝘳𝘢𝘵𝘰𝘳𝘪𝘢 1. 𝘚𝘦 𝘵𝘳𝘢𝘵𝘢 𝘮á𝘴 𝘣𝘪𝘦𝘯 𝘥𝘦 𝘶𝘯𝘢 𝘤𝘪𝘶𝘥𝘢𝘥 𝘥𝘦 𝘭𝘢 𝘱𝘦𝘳𝘪𝘧𝘦𝘳𝘪𝘢 𝘥𝘦 𝘉𝘢𝘳𝘤𝘦𝘭𝘰𝘯𝘢. 𝘗𝘦𝘳𝘰 𝘦𝘭 𝘢𝘮𝘣𝘪𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘦𝘳𝘢 𝘱𝘶𝘦𝘣𝘭𝘦𝘳𝘪𝘯𝘰 𝘺 𝘭𝘢 𝘨𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘴𝘦 𝘤𝘰𝘯𝘰𝘤í𝘢 𝘶𝘯𝘰𝘴 𝘤𝘰𝘯 𝘰𝘵𝘳𝘰𝘴. 𝑮𝒓𝒖𝒑𝒐 𝑴𝒂𝒓í𝒂 𝑨𝒖𝒙𝒊𝒍𝒊𝒂𝒅𝒐𝒓𝒂 (1989) 𝑼𝒏 𝒂𝒍𝒎𝒂 𝒆𝒏 𝑪𝒓𝒊𝒔𝒕𝒐. 𝑳𝒊𝒃𝒓𝒐 𝑰