Un alma en Cristo https://unalmaencristo.my.canva.site/redessociales 🎧 Audio 199 📘 Libro I Un alma en Cristo 30 de octubre de 1988 En Oración en mi habitación. Son las 5:40 de la tarde. Bendita seas, hija mía. Tus pensamientos vienen a Mí llenos de tu dulzura, haciendo que mi Corazón dolorido se alegre con la suave caricia de tu amor. 𝗨𝗻 𝗗𝗶𝗼𝘀 𝘀𝘂𝗳𝗿𝗲, 𝘂𝗻 𝗗𝗶𝗼𝘀 𝘀𝗲 𝗹𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮, 𝘂𝗻 𝗗𝗶𝗼𝘀 𝗴𝗿𝗶𝘁𝗮 𝘆 𝗻𝗮𝗱𝗶𝗲 𝗼 𝗰𝗮𝘀𝗶 𝗻𝗮𝗱𝗶𝗲 𝗹𝗲 𝗲𝘀𝗰𝘂𝗰𝗵𝗮. Parece un contrasentido que 𝗲𝗹 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝘀 𝗽𝗿𝗶𝗻𝗰𝗶𝗽𝗶𝗼 𝘆 𝗳𝗶𝗻, 𝗲𝗹 𝗾𝘂𝗲 𝗹𝗼 𝗰𝗿𝗲ó 𝘁𝗼𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗻𝗮𝗱𝗮, 𝗲𝘀𝘁é 𝗵𝗲𝗰𝗵𝗼 𝘂𝗻 «𝗺𝗲𝗻𝗱𝗶𝗴𝗼 𝗱𝗲 𝗮𝗺𝗼𝗿». Dice la Biblia: tanto amó Dios al mundo que le dio a su Hijo unigénito. Lo entregó y los hombres lo mataron, lo ultrajaron y lo ofendieron, 𝘆 𝗗𝗶𝗼𝘀 𝗰𝗼𝗻 𝗲𝘀𝘁𝗲 𝘀𝘂𝗽𝗹𝗶𝗰𝗶𝗼, 𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗿𝗮𝘀 𝗹𝗼𝘀 𝗵𝗼𝗺𝗯𝗿𝗲𝘀 𝗹𝗼 𝘃𝗶𝘁𝘂𝗽𝗲𝗿𝗮𝗯𝗮𝗻, 𝗶𝗯𝗮 𝘁𝗲𝗷𝗶𝗲𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗮 𝗥𝗲𝗱𝗲𝗻𝗰𝗶ó𝗻 𝗱𝗲 𝗲𝘀𝗼𝘀 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗼𝘀 𝗵𝗼𝗺𝗯𝗿𝗲𝘀.
La gloria sería la corona del que, 𝗮𝗿𝗿𝗲𝗽𝗲𝗻𝘁𝗶𝗱𝗼, 𝗮𝗱𝗺𝗶𝘁𝗶𝗲𝗿𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗖𝗿𝗶𝘀𝘁𝗼 𝗲𝘀 𝘃𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗼 𝗥𝗲𝗱𝗲𝗻𝘁𝗼𝗿, 𝗾𝘂𝗲 𝘀ó𝗹𝗼 𝗵𝗮𝘆 𝘂𝗻 𝗗𝗶𝗼𝘀 𝗧𝗼𝗱𝗼𝗽𝗼𝗱𝗲𝗿𝗼𝘀𝗼, 𝗾𝘂𝗲 𝗲𝘀 𝗨𝗻𝗼 𝘆 𝗧𝗿𝗶𝗻𝗼, 𝘆 𝗾𝘂𝗲, 𝗮 𝘁𝗿𝗮𝘃é𝘀 𝗱𝗲 𝘀𝘂 𝗛𝗶𝗷𝗼, 𝗼𝘀 𝗱𝗮 𝗹𝗮 𝗩𝗶𝗱𝗮 𝗲𝘁𝗲𝗿𝗻𝗮 𝗧𝗼𝗱𝗼 𝗲𝘀𝘁𝗼 𝘀ó𝗹𝗼 𝗹𝗼 𝗽𝘂𝗲𝗱𝗲 𝗵𝗮𝗰𝗲𝗿 𝘂𝗻 𝗗𝗶𝗼𝘀 𝗾𝘂𝗲, 𝗮𝗻𝘁𝗲 𝘁𝗼𝗱𝗼, 𝗲𝘀 𝗔𝗺𝗼𝗿: 𝗠𝗶𝘀𝗲𝗿𝗶𝗰𝗼𝗿𝗱𝗶𝗮, 𝗽𝗲𝗿𝗼 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶é𝗻 𝗝𝘂𝘀𝘁𝗶𝗰𝗶𝗮. 𝗗𝗶𝗼𝘀 𝘃𝗶𝗻𝗼 𝗮𝗹 𝗺𝘂𝗻𝗱𝗼 𝘆 𝗲𝗹 𝗺𝘂𝗻𝗱𝗼 𝗺𝗮𝘁ó 𝗮𝗹 𝗗𝗶𝗼𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗱𝗮 𝗹𝗮 𝗥𝗲𝘀𝘂𝗿𝗿𝗲𝗰𝗰𝗶ó𝗻 𝘆 𝗹𝗮 𝗩𝗶𝗱𝗮.
El mismo que está presente en todo lugar, que se fue y 𝘀𝗲 𝗾𝘂𝗲𝗱ó 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗵𝗼𝗺𝗯𝗿𝗲𝘀, 𝗾𝘂𝗲 𝘃𝗶𝘃𝗲 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲 𝗲𝗹𝗹𝗼𝘀 𝗹𝗹𝗮𝗺á𝗻𝗱𝗼𝗹𝗲𝘀, 𝗴𝗿𝗶𝘁𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘃𝗶𝗲𝗿𝘁𝗮𝗻, 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗽𝗼𝗱𝗲𝗿 𝘀𝗮𝗹𝘃𝗮𝗿𝗹𝗼𝘀 𝗮 𝘁𝗼𝗱𝗼𝘀. 𝗘𝘀𝘁𝗲 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗦𝗮𝗹𝘃𝗮𝗱𝗼𝗿 –que cada día es más ultrajado, que cada día recibe los mismos salivazos, los mismos insultos, los mismos latigazos– 𝗲𝘀𝘁á 𝗰𝗼𝗻 𝗹𝗼𝘀 𝗯𝗿𝗮𝘇𝗼𝘀 𝗮𝗯𝗶𝗲𝗿𝘁𝗼𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗮𝗯𝗿𝗮𝘇𝗮𝗿𝗼𝘀. 𝗬𝗼, 𝗝𝗲𝘀ú𝘀, 𝗼𝘀 𝗱𝗶𝗴𝗼, 𝗾𝘂𝗲 𝗻𝗼 𝗽𝗲𝗾𝘂é𝗶𝘀 𝗺á𝘀, 𝗻𝗼 𝗶𝗻𝗷𝘂𝗿𝗶é𝗶𝘀, 𝗻𝗼 𝗺𝗮𝘁é𝗶𝘀. 𝗩𝗶𝗻𝗲 𝗮 𝘀𝗮𝗹𝘃𝗮𝗿𝗼𝘀 𝘆 𝗼𝘀 𝗹𝗹𝗮𝗺𝗼 𝗰𝗼𝗻𝘀𝘁𝗮𝗻𝘁𝗲𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝘆 𝗼𝘀 𝗱𝗶𝗴𝗼: 𝗲𝗹 𝘁𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼 𝘀𝗲 𝗮𝗰𝗮𝗯𝗮 𝘆, 𝗺𝘂𝘆 𝗮 𝗽𝗲𝘀𝗮𝗿 𝗺í𝗼, 𝘁𝗲𝗻𝗱𝗿é 𝗾𝘂𝗲 𝗰𝗮𝘀𝘁𝗶𝗴𝗮𝗿. ¡Cuántos hijos se perderán!
¡Cuántos no podrán rehacer sus vidas!
Sus pobres almas, negras por el pecado, quedarán en los abismos donde Satanás les está haciendo ya sus moradas. Gritarán, llorarán y clamarán a Mí. Pero, muy a mi pesar, tendré que mirar hacia otro lado y habré de decirles: no habéis escuchado a mis profetas, no habéis escuchado mis palabras, no habéis edificado en roca firme vuestra morada: la habéis construido en las arenas movedizas de la lujuria y del placer, y ahora ya es tarde. No puedo ya escucharos.
𝗘𝗻𝘁𝗼𝗻𝗰𝗲𝘀 𝗮𝗯𝗿𝗶𝗿é 𝗺𝗶𝘀 𝗯𝗿𝗮𝘇𝗼𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗮𝗰𝗼𝗴𝗲𝗿 𝗮 𝗮𝗾𝘂𝗲𝗹𝗹𝗼𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗺𝗲 𝗵𝗮𝘆𝗮𝗻 𝗲𝘀𝗰𝘂𝗰𝗵𝗮𝗱𝗼 𝘆 𝗮𝗺𝗮𝗱𝗼, 𝗾𝘂𝗲 𝗵𝗮𝘆𝗮𝗻 𝘀𝗲𝗴𝘂𝗶𝗱𝗼 𝗺𝗶𝘀 𝗽𝗿𝗲𝗰𝗲𝗽𝘁𝗼𝘀. 𝗬 𝗹𝗲𝘀 𝗹𝗹𝗮𝗺𝗮𝗿é 𝗵𝗶𝗷𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗗𝗶𝗼𝘀, 𝘆 𝗹𝗲𝘀 𝗱𝗮𝗿é 𝗹𝗮 𝗱𝗶𝗰𝗵𝗮 𝘀𝗶𝗻 𝗳𝗶𝗻. 𝑮𝒓𝒖𝒑𝒐 𝑴𝒂𝒓í𝒂 𝑨𝒖𝒙𝒊𝒍𝒊𝒂𝒅𝒐𝒓𝒂 (1988) 𝑼𝒏 𝒂𝒍𝒎𝒂 𝒆𝒏 𝑪𝒓𝒊𝒔𝒕𝒐. 𝑳𝒊𝒃𝒓𝒐 𝑰