Un alma en Cristo https://unalmaencristo.my.canva.site/redessociales 🎧 Audio 68 📘Libro I Un alma en Cristo 2 de noviembre de 1985 Me pides, con temor, que te mantenga en la humildad. Tienes miedo de ti misma. Tienes miedo, con razón. Te conoces y sabes que tienes orgullo y te gusta exhibir cualidades que no posees. Soy Yo quien, a través de ti, me manifiesto, usando tu fuerza y todo tu ser, para ayudar a otros que lo necesitan. Esto que te digo, hija mía, no debe parecerte demasiado duro pues tú tienes la buena voluntad de tu parte y eres fiel a la gracia, por la cual Yo actúo a través de ti. Ese es un mérito grande pues me dejas obrar libremente, sin oponer obstáculo alguno por tu parte. Por otro lado, hija mía, tu disposición al trabajo y tu atención a mi Voz son algo que me llena de ternura. Tu confianza y tus pequeños sacrificios llenan mi alma de una infinita ternura hacia ti. El propósito que has hecho de abordar en la calle a todo aquel que veas con drogas o que esté necesitado de ayuda, es una idea que me halaga muchísimo. Predicad mi santo Nombre como en los tiempos de los primeros cristianos, estad dispuestos a recibir ultrajes, humillaciones e insultos a causa de mi santo Nombre y por amor a vuestros hermanos. Esto roza, hija mía, la santidad. En estos momentos, en que el mundo se pierde como entonces, es heroico este comportamiento. Pero no quiero, con estas últimas palabras, hacerte creer que haces más de lo que debes. Eso es lo que todo cristiano, que se precie de serlo, debe hacer. Pero, ¡Ay, hija mía! ¡Qué pocos son los que lo hacen! Por eso te insisto que prediques mi santo Nombre. Por él, sé capaz de recibir todas las ofensas del mundo, que Yo te recompensaré por cada una de ellas.
Hija mía, la gracia recibida el domingo en la Santa Misa es cierta: adivinaste que durante la Misa los Ángeles y mi Santa Madre, junto con toda la corte Celestial, permanecen de rodillas. En el momento del ofrecimiento de mi Cuerpo y Sangre, todos están de rodillas pues es el momento de Mi Sacrificio. Éste es constantemente renovado por mis sacerdotes por la Salvación del mundo.
Aunque el mundo tiene cada día menos respeto, mi Santa Madre y la corte Celestial están siempre presentes en el altar adorando al Cordero que se ofrece por la salvación del mundo... Un mundo corrompido, lleno de odio y ultrajes, donde no existe el amor. Me han simplificado tantas cosas que se ha perdido el respeto que debieran tenerme, y, sin embargo, 𝗬𝗼 𝘀𝗶𝗴𝗼 𝗹𝗹𝗮𝗺𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗮 𝘀𝘂𝘀 𝗰𝗼𝗿𝗮𝘇𝗼𝗻𝗲𝘀, pero algunos son tan duros como rocas. Tú, mi pequeña, sigue el camino que te has trazado; siempre de acuerdo con tu Padre espiritual: 𝘀é 𝗺𝗶 𝗔𝗽ó𝘀𝘁𝗼𝗹, 𝗽𝗿𝗲𝗱𝗶𝗰𝗮, 𝗵𝗮𝗯𝗹𝗮 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗦𝗮𝗻𝘁í𝘀𝗶𝗺𝗮 𝗧𝗿𝗶𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱... lo demás, créeme, hija, ya lo pondré Yo. 𝑮𝒓𝒖𝒑𝒐 𝑴𝒂𝒓í𝒂 𝑨𝒖𝒙𝒊𝒍𝒊𝒂𝒅𝒐𝒓𝒂 (1985). 𝑼𝒏 𝒂𝒍𝒎𝒂 𝒆𝒏 𝑪𝒓𝒊𝒔𝒕𝒐. 𝑳𝒊𝒃𝒓𝒐 𝑰