El reino amanece partido. Absalón pasó cuatro años madrugando a la puerta de la ciudad, dándole la razón a cada queja y sembrando la duda contra su padre, y esta mañana David sale de Jerusalén descalzo, con la cabeza cubierta, llorando, expulsado por su propio hijo. En el camino devuelve el arca, recibe la lealtad del extranjero Itai y ora una sola frase, que el Señor frustre el consejo de Ahitofel. De ahí sale la rendición más madura de su vida, la de 2 Samuel 15:26, «aquí estoy, que haga conmigo lo que bien le parezca». El episodio se llama El rey rechazado sale llorando, y mira también hacia otro Rey que mil años después cruzó el mismo Cedrón llorando por pecados que no eran suyos. Vale la pena escucharlo. Es una producción de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia, en Santa Marta, Colombia.