David no cae en el desierto, perseguido y hambriento. Cae en el terrado de su palacio, en la cima del éxito, cuando los reyes salían a la guerra y él se quedó en Jerusalén. El capítulo 11 de 2 Samuel es un descenso contado en verbos. Vio, siguió mirando, mandó a preguntar, mandó a traer. Después vino el encubrimiento, el vino, la carta que Urías mismo cargó, y la frase más fría del libro. El narrador guarda silencio durante veintiséis versículos y habla en el último. «Pero lo que David había hecho fue malo ante los ojos del Señor». Ante los ojos del Señor trata ese descenso sin adornos, con la advertencia de que el momento más peligroso llega después de la victoria, y con la salida que Dios pone en cada eslabón. Vale la pena escucharlo. Es una producción de la Iglesia Bíblica Soberana Gracia, en Santa Marta, Colombia.