Todo el país conoció su cara por ser el impulsor del lanzamiento de un picosatélite al espacio, pero pocos saben su verdadera historia. Sus orígenes humildes y el cruel destrato de su padre no le impidieron forjar un camino gracias a su obsesión por estudiar.
Cuando terminó la secundaria, su papá le dijo una frase que lo golpeó: "Trabajás o te vas". Entre las opciones que su estricto padre le presentó, no existía la chance de seguir estudiando. El joven Héctor Alejandro (llamado por todos por su segundo nombre para diferenciarlo de su progenitor) soñaba con una formación académica, pero no se quería ir de su casa. Viajar todos los días desde José C. Paz para estudiar iba a ser difícil. Y ante la encrucijada, optó por ir a trabajar.
Arrancó barriendo los pisos de Pepsico, la empresa de bebidas y alimentos donde trabajó durante 11 años. Hoy, como fundador de Innova Space es uno de los responsables de que por primera vez se haya podido desarrollar, diseñar y ensamblar un satélite con menos de 200.000 dólares en una industria en la que, por ejemplo, una compañía en Estados Unidos necesitó 4 millones y medio.
"Mi padre era un hombre muy duro, muy malo. Suena feo, pero es así. Me decía: 'vos sos un inútil, no servís para nada´. Por eso les digo a los chicos que cuando escuchen eso de cualquier persona que no se queden con esa porquería. Eso te daña el corazón. A mí me sigue marcando porque quiero demostrar todo el tiempo que no es así", reconoce Cordero al evocar la relación con su papá.
En diálogo con Florencia Cordero en el programa Un Lugar en el Mundo de Radio Brisas, el fundador de Innova Space develó, por primera vez, algunos detalles de su vida personal que lo convirtieron en un emprendedor apasionado con una idea fija: cambiar la historia.