Orar por los que han partido de este mundo es un acto de misericordia que nos asemeja a los santos que están presentes ante la presencia de Dios, nos convierte en intercesores motivados por el amor hacia quienes ya no están con nosotros , y así algun día liberarlos del purgatorio si fuera el caso, y ellos una vez alcanzada la gloria interceder por nosotros, pues nuestros familiares no están muertos si no en la manos de Dios.