Y a estas alturas ya resulta evidente que Pálido fuego es una vuelta de tuerca más -la más exquisita, nunca superada- en la secuencia de sátiras académicas con las que Nabokov exorciza su propia vida de profesor, su propia vida de erudito, traductor, escoliasta, tan pedante y presuntuoso como su personaje, que es un valiente y sumamente inteligente retrato de sí mismo.