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Or


Dejé mi fuerza de hombre entre tus manos guerreras. El camino llevó mi nombre hasta tierras extranjeras pero tú… tú solamente llorabas. Ahogué mi miedo a la muerte. Levanté el estandarte de mi pueblo. Peleé tentando mi suerte debajo del rojizo cielo pero tú… tú solamente llorabas.
Con el respaldo de la Federación, acturianos y pleyadianos llevaron, desde el gran cinturón, una masa compacta, redonda, de minerales, que debía funcionar como satélite, atrayendo las mareas e inclinando ligeramente el eje magnético de Salvath logrando con ello que el planeta experimentara cuatro fases a lo
Papá, despierta, despierta —insistió una voz dulce.— ¿Estás
bien?
Bóreas despertó con sudor frío. Sin recuperar la conciencia en
su totalidad, con ojos saltones y respiración agitada, tomó con
fuerza un dije que colgaba de su pecho: una merkaba inconclusa
encerrada en círculo. En la parte superior de la merkaba simulaba una montaña acompañada de un rayo; en la parte inferior,
figuraba un triángulo invertido cuya base abierta representaba la
conexión entre lo terrenal y espiritual.
En ese instante, el enfriamiento de Salvath estaba completo y las expectativas ilimitadas.Habían transcurrido escasos cien millones de años de haberse formado la masa rocosa que reclamaba agua para continuar.
Bóreas organizó un equipo para condicionar la Perla Azul. Comenzaron por transportar bloques de hielo que se mantenían intactos en el cinturón de asteroides del otrora Ajenjius del mismo modo como los igigi habían hecho para Artreo.
La onda destructiva se disipó por el firmamento cósmico, dando alcance a las naves nodrizas en que viajaban desesperados ajenjianos y nibirianos. Ambos grupos de sobrevivientes coinci dieron en desplazarse hasta el planeta rojo como la opción in mediata para aterrizar.Así fue como se habitó Artreo. Influyentes, poderosos y jefes de estado de Nibiru huyeron de su planeta junto a centenas de familias obreras, pensando que su orbe no soportaría el impacto. Los sobrevivientes de Ajenjus, en cambio, llegaron a Artreo hambrientosy sin víveres.Conocían con exactitud el planeta ro jo.Veinte años atrás iniciaron expediciones rumbo al cuarto orbe, explorando opciones de cultivo animal y vegetal.Advirtieron que las condiciones no eran establespor falta de agua y tenían en marcha un programa para fabricarla en enormes compartimentos subterráneos.
Espero no haberte aburrido. Es un día magnífico para continuar mi relato. ¿Estás de acuerdo? Bien, continúo. Cuando tu astro era joven, dotamos el sistema con trece plane tas: Aurius (Mercurio),Mendius (Venus), Salvath(Tierra), Artreo (Mar te), Ajenjus(un planeta habitado, antes que su elipse se convirtie ra en el cinturón de asteroides), Bermak (Júpiter),Ismarth (Sa turno), Acontrius(Urano), Estretius (Neptuno), Lismark(Plutón), Vertmon, Lamark y Nibiru.
Cada una de las colonias, durante el Imperio Kroniano, adquirió una personalidad propia. Los acturianos, orioninos, atlantes y pleyadianos lograron independizar su filosofía y desarrollo espiri tual, pero sufrieron constantemente ataques por rebeldes reptilianos. Millones de años transcurrieron antes de que una segunda gue rra se diera cita en la misma constelación de Orión. Esta vez, la guerra civil detonó en Rigel; durante más de trescientos años fueron víctimas de bombardeos y ataques por parte de la alianza Orion - Drakoniana.
Hace siete mil quinientos millones de años, el Imperio de Lira, con pretexto de encontrar un atajo rumbo a la novena dimensión, se enlistó en una empresa de conquista del sistema de Orión. Los ciakar, por su parte, buscaban el mismo objetivo, pero no disfrazaron sus intereses: abiertamente pretendían adueñarse del portal directo a la novena dimensión para colonizar el universo
La historia que contaré es muy, muy antigua.
Es una historia que habla sobre el valor de una promesa, sobre la fuerza y el poder de las palabras.
Pero también es una historia que habla acerca de las consecuencias de los actos. Es una lección de amor, de lucha y compromiso. Los jóvenes de las ribusolmeca, catalhöyük y cucuteni se reunían alrededor de una gran fogata cada vez que les narraba las memorias de la Perla Azul
Aún recuerdo al primer ser con el que hablé. No era un
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