“Gracias, Señor, por poner en mí el deseo de escuchar tu voz. Tú eres mi amado, mi rey y dueño de mi vida. Me duele ver tantas personas que toman tu nombre en vano, que te rechazan, que escandalizan a la iglesia con su comportamiento, ven a ellos y llénalos de ti, tú sabes lo que necesitan, levanta misioneros de tu reino para que escuchen tu voz y a mí mantenme alerta para no desviarme de tu camino. Amén.”