Nos hemos acostumbrado a la felicidad express, al consumo de la felicidad inmediata de deslizar el dedo sobre la pantalla del móvil, del sexo rápido, el fast-food, el momento donde pueda estar solo y evadirme con otra sustancia, otra partida, otra serie o lo que sea. El problema es que cada vez que se hace de manera inconsciente, se corta en seco la inercia de la felicidad estable y tranquila, perdiendo el control sobre la mente y el cuerpo, y conformando un mundo donde no hay lugar para la felicidad perenne, esa felicidad que nos hace sentir viveza, empoderamiento, paz, amor o creatividad.