El Juegos Mediterráneos vacío será una tumba, y eso contrasta con su realidad prepandemia, donde era un sarcófago. Los jugadores echarán de menos el crepitar de las pipas y el susurro de la grada debatiendo sobre la vida, la política, la plancha de algún bar y las últimas palabras de Sergio Ramos. En cualquier caso, viviremos, a nuestra nueva manera, un encuentro más de la UDA que podría significar su tercera victoria consecutiva y, quién sabe, la posibilidad de meter los pies en el ascenso directo. Como veis, sabemos muchísimo de esto.