Jesús es auténtico y no tuvo miedo de decir en Nazaret quien es Él, de mostrar la misión que llena su corazón, de decir en su pueblo natal que Él es el Mesías. No tuvo miedo de predicar y hacer el bien. Jesús tiene el control de su vida, sabe quien es y no anda buscando cambiar su forma de ser para ser amado o aceptado. La gente auténtica atrae, mueve, arrastra, convence con su ejemplo, y eso hace en nosotros la autenticidad de Jesús.