Hoy Jesús en el Evangelio nos habla de la fe
en la oración. De pedir y rezar a Dios sin vacilar, sin dudas. A veces nos
puede pasar que pedimos cosas en la oración y las pedimos con cierto temor de
que tal vez Dios no nos las conceda. Pero no es así por ejemplo cuando nos
dirigimos a quien más nos ama o a quien es nuestro mejor amigo, y le hacemos una petición.
O sea es que no tenemos miedo de ir y pedirle algo a esa persona, ya que
sabemos que si nos dice que no es porque en verdad no puede o ve que no es lo
mejor para nosotros. De igual manera tenemos que dirigirnos a Dios, sin temor,
con confianza, con fe, de que nos estamos dirigiendo a quien más nos ama, e
incluso Jesús mismo nos dice: “Cuando pidan algo en la oración, crean que ya lo
tienen y lo conseguirán”. En este mes, pidamos la gracia de saber dirigirnos a
Dios con un corazón de hijo, lleno de confianza, sabiendo que Dios acoge todas
nuestras peticiones y que la mejor petición de todas es que nos enseñe a
acoger su voluntad con paz, fortaleza y alegría.