Gil considera que el asunto con doña Leona Vicario se ha convertido en una maldición. Precisamente el año con cuyo nombre hemos calificado a nuestra vida pública, la desgracia nos arrasa con el suplicio de pandemias, crisis económica, rayos y centellas de la ira de Dios, brotes de sarampión y varicela y, por si algo faltara, un temblor de los grandes, de magnitud 7.5.