Las revoluciones en Rusia y China constituyeron los acontecimientos más grandiosos del siglo XX: por primera vez en la historia los esclavos se levantaron contra los amos y vencieron, iniciando una nueva era, la de la Revolución Proletaria Mundial. Estas proezas demostraron que solo el proletariado, en alianza con el campesinado, puede dirigir la rueda de la historia hacia el desarrollo. Sus enseñanzas siguen vigentes y deben servir para la inevitable toma por asalto del poder de las clases explotadoras, necesario para impedir el fin de la humanidad.