En este cuento, un árbol da todo lo que tiene a un niño, desde su fruta y sombra hasta sus ramas y tronco, para que el niño pueda tener una vida feliz y cómoda.
Sin embargo, el niño se va haciendo mayor y sigue regresando al árbol para pedirle más cosas, como madera para construir una casa, un barco para navegar y finalmente un tronco para sentarse y descansar. Al final, cuando el niño es ya un anciano, vuelve al árbol y le dice que no necesita nada más. El árbol le responde que él siempre estará ahí para el niño y que puede sentarse y descansar en su tronco siempre que lo desee.
La moraleja de la historia es que la vida es un ciclo continuo de dar y recibir, y que debemos ser agradecidos con aquellos que nos dan, ya que siempre podemos regresar y recibir más cuando lo necesitemos.