La piel que nos contiene, delimita, separa y comunica con el mundo exterior. Al despertar su percepción se trabaja la autocontención, y se modifica el tono psicofísico.
Es solo a través de esa conciencia que podemos ahondar en nuestra práctica espiritual, para abrazar el camino del corazón, y animarnos a optar por aquello que anhelamos, ya sea una cambio de hábito, una nueva relación o proyecto, aunque no tengamos las garantías aseguradas, sabemos que la práctica espiritual y el camino del corazón nos aporta perspectiva, significado y propósito a nuestras vidas, y hace que la vida no valga la pena, sino que ¡Valga la gracia!