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Hay viajes que terminan cuando llegamos a nuestro destino.
Y hay otros que continúan durante toda la vida.
En este episodio especial de **Voces del Reencuentro** nos sentamos, una vez más, en aquel lugar desde el que muchos de nosotros descubrimos el mundo por primera vez:
**el asiento de atrás de un coche.**
Desde allí viajamos hasta los recuerdos de una infancia hecha de carreteras, pueblos, estaciones de servicio, canciones, juegos y conversaciones.
Recuerdo los viajes en la **Nissan Vanette de mi padrino**, que era camionero. Recuerdo hablar de coches y de cabezas tractoras, de su Volvo favorito y de mi Renault. Recuerdo cómo, para hacer más corto el viaje, contábamos los coches según su color.
Y recuerdo también algo que quizá todos hemos vivido de una manera u otra: intentar que los niños se entretengan para que el viaje parezca más corto.
Con mis hijos ocurrió de otra manera. Entre ellos negociaban la música del viaje de ida y la del viaje de vuelta. Y yo intentaba transmitirles mi pasión por la música, incluso por la clásica, convirtiendo los instrumentos en animales, viento y sonidos para que ellos también aprendieran a escucharla.
Porque quizá todos tenemos nuestras propias maneras de hacer que el tiempo pase más rápido.
Pero este viaje no se queda solamente en mis recuerdos.
En el camino hacemos **tres paradas muy especiales**.
**Primera parada: Víctor «Febo», en Puertollano.**
Un hombre que, después de más de cincuenta años unido a la música y al arte, continúa creando, componiendo, pintando y soñando. Escucharemos su voz y también su música, como si viajara con nosotros desde la radio del coche.
**Segunda parada: Josefina, en Vacarisses.**
92 años de vida y un objeto muy especial junto a ella: un libro escrito por su hermano. Un libro que se convierte en memoria, en presencia y en una forma de seguir viajando junto a alguien que ya no está.
**Tercera parada: Antonio Jorquera.**
Una reflexión sobre la familia y sobre la importancia de los hermanos cuando nuestros padres ya no están. Porque ellos pueden convertirse en algunos de los últimos testigos de nuestra infancia.
Tres historias.
Tres generaciones.
Tres formas diferentes de entender la memoria.
Y todas terminan encontrándose en el mismo lugar:
**en nuestros recuerdos.**
Porque quizá algún día nuestros hijos también pasarán por una carretera, escucharán una canción y recordarán aquel coche en el que viajaban cuando eran pequeños.
Y entonces comprenderán que, mientras nosotros intentábamos hacer que el viaje fuese más corto...
ellos estaban construyendo los recuerdos que llevarían consigo toda la vida.
Así que hoy te invito a mirar por la ventanilla.
A recordar.
A escuchar.
Y quizá a volver por un instante...
**al asiento de atrás.**
Porque el viaje continúa.
Y porque **lo que no se escucha… se pierde.**