En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos.
Les decía:
«El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará».
Pero no entendían lo que decía, y les daba miedo preguntarle.
Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó:
«¿De qué discutíais por el camino?».
Ellos callaban, pues por el camino habían discutido quién era el más importante.
Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo:
«Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos».
Y tomando un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo:
«El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».
DETALLES
Detalles.
Cómo cuidas los detalles Jesús.
Cómo sabes cuándo y cómo decir las cosas.
Quieres contarnos algo, y esperas el momento adecuado.
Debe de ser importante, porque no quieres que nadie se entere.
Al fin nos quedamos solos y…boom.
Nos sueltas algo que nos deja mudos.
“El Hijo del Hombre va a ser entregado…”
Cómo?
No entiendo nada Jesús.
Quién??? Tú no, no?
En vez de preguntarte sigo con mis cosas, como hago siempre.
Prefiero evitarte, porque me da miedo.
Prefiero huir, porque no entiendo.
Y vuelvo a mi bucle de preocupaciones absurdas.
Me pierdo entre deseos mundanos de poder.
Me alejo entre discusiones sin sentido que solo ensucian mi corazón.
Quiero ser el primero, el mejor.
Quiero que me miren y me sigan.
Que reconozcan mi trabajo.
Que todos vean lo bueno que soy.
Y una vez más te das cuenta.
Eres así de atento.
Y una vez más esperas al momento justo,
Esperas a llegar a casa.
Me miras y me preguntas qué me pasa.
Y a mi me da vergüenza.
He vuelto a caer Jesús,
He vuelto a tropezar con la piedra de siempre,
Con eso que como ya sabes, tanto me cuesta.
Entonces te paras y te sientas conmigo.
Y empiezas a explicarme con paciencia.
Quieres que entienda Jesús,
Que tus palabras calen hondo.
Que pare por un momento y abra el corazón a lo que me quieres decir.
Y me explicas que no se trata de ser el primero, sino el último.
Que sólo siendo el último puedo seguirte.
Que sólo siendo el último puedo vivirte.
Que esto va de quererse, de entregarse, de abrazar.
Igual que a ese niño, Jesús.
Le llamas y le abrazas.
Y me dices que lo que haga con él, lo hago contigo.
Y no sé cómo, pero con tus palabras, yo también he sentido ese abrazo.