Las discusiones técnicas en el trabajo son necesarias para crecer, pero el resentimiento interno es un lujo que tu productividad no se puede permitir.
En los partidos de alta intensidad, es completamente normal ver fricciones fuertes entre los jugadores del mismo equipo.
Se gritan por una marca mal hecha y la tensión en la cancha se pone al límite de la revolución del grupo.
Sin embargo, los planteles maduros tienen una regla innegociable: la discusión se muere en la jugada.