Francis Caamaño fue un padre tierno, responsable, que dedicó tiempo a sus hijos, que se ocupó de ofrecerles educación y ejemplo, que mostró a sus hijos el amor a la patria, y que en diciembre de 1972 hizo un encuentro con Alberto, Francis y Paola, sus hijos con Chichita, y se despidió ofreciéndoles explicaciones a sus hijos mayores de la tarea que emprendería y el compromiso con la patria, que era su gran amor y su empeño más denodado.