En un entorno volátil, incierto, complejo y ambiguo como el que vivimos, de un escritor -en general, de un hombre- no se exige originalidad, si acaso solidez, certidumbre, sencillez y claridad.
Nada de esto significa que el hombre en cuestión -el escritor, para ser precisos- quede exento de la obligación de emocionar, como paso previo al menos inexcusable deber de invitar a la reflexión.
Tales obligaciones son de necesario cumplimiento siempre, por recurrentes que sean los temas y alto el nivel de exposición.
Es el caso de José Peláez.
Érase -y es- un hombre atado a una columna, a una hija, a una sentencia de divorcio, a una empresa, a una fe, a unos bares, a una ciudad, a una tierra.
Y todo sin resultar cansino, conduciendo al lector al razonamiento por la emoción, con el oficio del profesional de la publicidad y en la mejor tradición del columnismo español.
Entrevista conducida por Gonzalo Altozano.
Sonido: César García.
Diseño: Estudio OdZ.
Twitter: @GonzaloAltozano
Instagram: @galtozanogf
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