
Sign up to save your podcasts
Or


En febrero del año 2000, algunas de las páginas web más importantes del mundo dejaron de estar disponibles. Yahoo!, Amazon, eBay y CNN, entre otras, sufrieron una serie de ataques que demostraron hasta qué punto Internet podía ser vulnerable. Detrás de aquella historia apareció un nombre inesperado: Mafiaboy, un adolescente canadiense que se convertiría en uno de los protagonistas más conocidos de la historia del hacking.
A finales de los años noventa, Internet todavía tenía mucho de territorio por explorar. La web estaba creciendo a toda velocidad, las empresas comenzaban a descubrir las posibilidades del comercio electrónico y cada vez más personas utilizaban la Red para informarse, comunicarse o comprar.
Había, sin embargo, una cuestión que no siempre recibía la atención necesaria: ¿qué ocurriría si alguien consiguiera dejar fuera de servicio algunos de los sitios más importantes de Internet?
En febrero de 2000, esa pregunta dejó de ser una hipótesis. Una serie de ataques informáticos provocó problemas de acceso en algunas de las grandes plataformas de la época. Las investigaciones posteriores condujeron hasta un adolescente de Montreal conocido en Internet como Mafiaboy.
Su historia, es mucho más que la crónica de un joven que consiguió llamar la atención de medio mundo. También es una historia sobre las debilidades de Internet, la dificultad de investigar los delitos digitales y la distancia que puede existir entre la reputación de un hacker y sus verdaderas capacidades.
Para entender lo que sucedió en el año 2000, conviene conocer primero una técnica fundamental en esta historia: el ataque de denegación de servicio distribuido, conocido por sus siglas en inglés como DDoS.
Imagina que tienes una pequeña tienda. Un día, miles de personas se presentan simultáneamente en la puerta, bloquean la entrada y ocupan todo el espacio disponible. Los clientes que realmente quieren comprar no pueden entrar, aunque la tienda siga teniendo sus productos y sus empleados estén trabajando con normalidad.
Algo parecido sucede con un ataque DDoS.
En lugar de permitir que los usuarios legítimos accedan a un servicio, el atacante provoca una avalancha de solicitudes o tráfico que consume sus recursos. El servidor puede acabar sin capacidad para responder y la página deja de estar disponible para el público.
La clave está en que no es necesario destruir los sistemas ni robar información para causar un daño importante. Basta con impedir que los demás puedan utilizarlos.
Además, cuando el ataque procede de muchos equipos diferentes, resulta más complicado detenerlo. El tráfico malicioso puede llegar desde distintos lugares y confundirse, al menos inicialmente, con las conexiones habituales de los usuarios.
Esta técnica sería determinante en los acontecimientos de febrero de 2000.
La investigación presta atención a un incidente anterior que ayuda a entender las dificultades a las que se enfrentaban los investigadores.
En 1999, un pequeño proveedor de Internet vinculado a un proyecto de estudiantes en Sisters, Oregón, llamado Outlawnet, sufrió un incidente informático que provocó la pérdida de más de 3.000 archivos y unos costes superiores a los 11.000 dólares.
El investigador Mark Gosselin sospechó que podía existir una relación con Mafiaboy. Sin embargo, sospechar de una persona no equivale a demostrar que cometió un delito. Los investigadores no consiguieron probar que Mafiaboy fuera responsable de aquel incidente.
Este detalle es importante porque muestra uno de los grandes problemas de las investigaciones informáticas: encontrar una pista, identificar una posible conexión y demostrar quién estuvo realmente detrás de un ataque son cosas distintas.
En Internet, además, una identidad puede ser falsa, una cuenta puede utilizarla otra persona y una afirmación publicada en un chat puede no tener ninguna relación con los hechos reales.
El 7 de febrero de 2000, Yahoo! fue uno de los primeros grandes nombres afectados por la oleada de ataques. Durante los días siguientes también se produjeron incidentes que afectaron a servicios como Buy.com, eBay, CNN y Amazon.
Para comprender el impacto, hay que recordar qué representaban aquellas páginas en aquel momento. Yahoo! era uno de los grandes puntos de entrada a Internet. Amazon y eBay estaban demostrando que comprar y vender a través de la Red podía convertirse en un negocio enorme. CNN, por su parte, era una referencia informativa para millones de personas.
Que esos servicios tuvieran problemas de disponibilidad no era una simple anécdota técnica. Era una advertencia para empresas que estaban construyendo buena parte de su futuro sobre una infraestructura que todavía tenía importantes puntos débiles.
La repercusión mediática fue enorme. La pregunta ya no era solamente quién había lanzado los ataques, sino cómo había sido posible que alguien consiguiera afectar a tantos servicios conocidos.
La investigación movilizó a las empresas afectadas y a las autoridades estadounidenses y canadienses. Había que analizar registros técnicos, seguir pistas y separar la información útil de la enorme cantidad de ruido que rodeaba el caso.
Y ese ruido era considerable.
El FBI llevaba tiempo intentando conocer mejor las comunidades de hackers que se organizaban en canales de conversación y otros espacios de Internet. Algunos agentes se habían infiltrado en esos entornos utilizando identidades encubiertas para obtener información de primera mano.
En el caso Mafiaboy, ese conocimiento de las comunidades digitales resultó relevante para la investigación. La operación conocida como Operation Claymore combinó el trabajo de inteligencia con el análisis técnico y la colaboración de las autoridades canadienses.
Pero había un problema: después de los ataques, numerosas personas comenzaron a atribuirse la responsabilidad. Algunas afirmaciones eran falsas y otras no ofrecían garantías de autenticidad. Incluso había quienes se presentaban en Internet como Mafiaboy.
Los investigadores no podían limitarse a leer lo que alguien decía en un chat y darlo por cierto. Necesitaban contrastar testimonios, examinar registros y conectar las pistas digitales con una persona real.
La investigación terminó conduciendo hasta Montreal y hasta el adolescente que se encontraba detrás de aquella identidad.
El caso también puso de manifiesto algo que hoy puede parecernos evidente, pero que entonces estaba lejos de serlo para el público general: la identidad que alguien construye en Internet no siempre coincide con la persona que hay al otro lado de la pantalla.
Una de las cuestiones más interesantes de esta historia es la diferencia entre la imagen que Mafiaboy proyectaba en las comunidades de hackers y las capacidades que los investigadores le atribuían.
En determinados espacios de Internet, presumir de los propios logros podía servir para ganar reconocimiento. Afirmar que se había participado en un ataque importante era una forma de llamar la atención, aunque esas declaraciones no siempre fueran ciertas.
El caso también permite explicar un término que se popularizó en aquellas comunidades: script kiddie.
Se utiliza de forma despectiva para describir a alguien que recurre a herramientas o programas creados por otras personas para realizar ataques sin comprender necesariamente en profundidad cómo funcionan. Eso no significa que las acciones carezcan de consecuencias. Una persona puede causar daños importantes utilizando herramientas que no ha desarrollado por sí misma.
La etiqueta, sin embargo, no permite explicar por sí sola lo ocurrido. Para comprender un ataque hay que estudiar las pruebas, los sistemas utilizados y la participación concreta de cada persona.
En el caso de Mafiaboy, su reputación pública y la discusión sobre sus capacidades alimentaron parte del interés que despertó la investigación. Pero las apariencias, tanto para ensalzar a alguien como para restarle importancia, no sustituyen a las pruebas.
La investigación terminó con la detención de Mafiaboy en abril de 2000. El caso pasó después por los tribunales canadienses.
En enero de 2001 se declaró culpable de numerosos cargos relacionados con los ataques. Finalmente, el 12 de septiembre de 2001, fue condenado a ocho meses de internamiento juvenil, además de un periodo de libertad vigilada y restricciones posteriores.
La sentencia tuvo una enorme repercusión porque el protagonista era un adolescente y las víctimas incluían algunas de las compañías más conocidas de Internet.
El caso también sirvió para recordar que la edad, la notoriedad en una comunidad digital o la aparente complejidad técnica de una acción no eliminan la responsabilidad por sus consecuencias.
Al mismo tiempo, la historia planteó preguntas sobre cómo se investigan los delitos informáticos, cómo se atribuye un ataque a una persona concreta y qué medidas deben adoptar las empresas para proteger sus servicios.
Hay posiciones diferentes sobre si Mafiaboy fue el único responsable de todos los ataques que se le atribuyeron. Por un lado, aparecen investigadores que defendieron que había actuado solo. Por otro, se recogen dudas de expertos que cuestionaban que un adolescente con las capacidades técnicas que le atribuían pudiera haber llevado a cabo por sí mismo todas las acciones descritas.
Es importante separar dos cuestiones: la responsabilidad judicial de Mafiaboy por los cargos que admitió y la discusión sobre el alcance exacto de su participación en la oleada de ataques.
No son preguntas idénticas. Tampoco basta con que alguien cuestione una versión para demostrar que existe una explicación alternativa.
Lo prudente es mantener la distinción entre los hechos documentados, las conclusiones de la investigación y las dudas que quedaron reflejadas en el libro.
Precisamente por eso, la historia sigue siendo interesante: no solo habla de un ataque informático, sino también de los límites de la atribución técnica y de lo difícil que puede resultar reconstruir un delito cometido a través de sistemas distribuidos y comunicaciones digitales.
Más de dos décadas después, Internet ha cambiado enormemente. Los servicios en la nube, las redes de distribución de contenidos y las soluciones especializadas de mitigación de ataques ofrecen herramientas que entonces no estaban tan extendidas.
Sin embargo, la disponibilidad de los servicios sigue siendo fundamental. Una web puede contener información valiosa, ofrecer un servicio imprescindible o sostener un negocio entero. Si deja de responder, las consecuencias pueden ir mucho más allá de una molestia temporal.
La historia de Mafiaboy recuerda que la seguridad informática no consiste únicamente en evitar que alguien robe datos. También implica garantizar que los sistemas puedan seguir funcionando cuando alguien intenta impedirlo.
Y hay otra lección: en el mundo digital, la fama puede construirse muy deprisa, pero averiguar qué ha ocurrido realmente exige paciencia, conocimientos y pruebas.
Un alias llamativo puede convertir a alguien en protagonista de los titulares. Una investigación rigurosa es la que debe determinar qué hizo, cómo lo hizo y qué responsabilidad le corresponde.
¿Qué te parece más preocupante de esta historia: que un adolescente pudiera poner en aprietos a grandes empresas o que las compañías no estuvieran preparadas para defenderse de un ataque de este tipo? Te leemos en los comentarios.
Si te interesan las historias en las que tecnología, seguridad y cultura digital se cruzan, sigue a Yslamac y acompáñanos en nuestros próximos report.
¿Hay tierras raras en Jaén?
Parece ser que sí.
Bueno… A ver. ¿Sabéis lo que son las tierras raras?
Bienvenidos a YslaMac. Recibid un saludo de Amador Cámara, #elPeriodista de La Ysla De Los Macníficos. En éste, mi Report de octubre de 2026, voy a intentar hablaros de las tierras raras y de esos recursos que se han detectado en la provincia de Jaén. Digo que lo voy a intentar porque bien sabéis que yo soy de letras, en concreto de letras-mixtas, pero de letras al fin y al cabo. Y esto de la química no está entre mis fortalezas. Pero sí lo está el informar de las cosas, y las tierras raras de Jaén han copado las portadas de los medios de comunicación de Jaén, y de parte de España y del mundo, en los últimos días.
Un podcast de tecnología con epicentro en Jaén no podía pasar por alto este asunto. Lorenzo, Almirante, espero estar a la altura.
Se llama Proyecto Orión. Para ser más exactos “Programa de investigación minera Orión”. Lo lleva a cabo una empresa australiana: Osmond Resources Limited, a través de su filial española España Green Mineral Resources. Han hecho estudios de prospección sobre 232 km2 de la zona de Sierra Morena, en la provincia de Jaén, en el entorno de los municipios de Aldeaquemada, Montizón, Castellar y Santisteban del Puerto. Son alrededor de 772 cuadrículas mineras cuyos resultados se dieron a conocer públicamente hace un par de semanas: el proyecto contempla una inversión privada de 270 millones de euros, con una estimación de vida útil de la mina de 20 años.
Las tierras raras la conforman un conjunto de 17 elementos químicos poco conocidos pero muy utilizados a nivel industrial. Aunque se les define como “raras”, para nada lo son ya que se encuentra en la corteza terrestre. Lo que las hace “raras” es su dificultad de extracción y separación, ya que suelen estar mezcladas con otros minerales y se necesitan procesos complejos y más caros para aislarlas. El valor de las tierras raras está en su estructura atómica. Es decir, su configuración electrónica produce campos magnéticos potentes, efectos ópticos específicos y una alta conductividad eléctrica. Todo esto significa que hacen posible que la tecnología sea más ligera, más rápida y más eficiente.
Hay tierras raras prácticamente en todos los continentes, pero su explotación industrial no es tan así. En la extracción, China concentra alrededor del 60% de la producción mundial, seguida por Estados Unidos y Australia. En África, países como Burundi o Madagascar empiezan a ganar peso como productores emergentes. ¿En Europa? Prácticamente no tenemos. No que no haya tierras raras, sino que no se extraen. Pero, como hemos visto, son elementos tan vitales hoy día, la Unión Europea está impulsando iniciativas para diversificar el suministro, reabrir minas y potenciar el reciclaje. ¿El objetivo? Garantizar el acceso a materiales críticos sin depender de terceros países.
En este contexto, en España se ha lanzado el denominado primer Programa Nacional de Exploración Minera desde la democracia, que buscará minerales en más de 1.000 balsas y zonas mineras antiguas del país. Aquí encuadraríamos el Proyecto Orión. Si recordáis, la estimación de vida de la mina del Proyecto Orión, trabajando sobre la premisa de que se ponga en marcha… digo que se estima una vida de 20 años. Pues bien, a lo largo de esos 20 años, y según los estudios realizados, se calcula que se extraerían 2 millones de toneladas de mineral al año.
A día de hoy Europa depende al 100% del exterior para conseguir tierras raras, circonio y titanio. Pues bien, estos dos millones de toneladas de minerales que se extraerían al año de la mina de Jaén supondrían, entre otros…
Parece importante ¿verdad?. Escucha el #podcast completo y conocerás el reto que lanzo al resto de #náufragos.
Es todo.
Por cierto, podéis escuchar el podcast como siempre en vuestro podcatcher favorito, pero también podéis ver las imágenes de la grabación en nuestro canal de YouTube:
El hidrógeno es el elemento más abundante del universo, pero en la Tierra casi nunca lo encontramos solo: hay que fabricarlo, y cómo lo hagamos marca la diferencia entre agravar el problema climático o ayudar a resolverlo.
Bienvenidos a YslaMac. Soy Lorenzo, elAlmirante de La Ysla De Los Macníficos, y en mi Report de octubre de 2026 repasamos qué es el hidrógeno verde, el que se obtiene separando el agua mediante electrólisis con electricidad solar o eólica, frente al gris o al azul, que dependen del gas natural. Aunque el hidrógeno no es nuevo, hoy se producen cerca de 100 millones de toneladas al año y menos del 1 % es de bajas emisiones.
Os contaré también para qué sirve de verdad, y por qué no es la solución para todo. Siempre que se pueda usar directamente electricidad renovable, resulta más eficiente, por lo que en el coche particular lo tiene difícil. Donde el hidrógeno verde tiene sentido es en lo que no se electrifica fácilmente: la industria pesada, los fertilizantes, las refinerías y parte del transporte marítimo y aéreo.
Si hablamos con franqueza de los obstáculos que frenan su despegue nos encontramos: un coste todavía elevado, la falta de clientes que garanticen las inversiones y unas infraestructuras que aún no existen a la escala necesaria. Las cifras lo reflejan: la Agencia Internacional de la Energía ha tenido que recortar sus previsiones para 2030, y China concentra ya más de la mitad de la capacidad operativa.
Por último, pongo el foco en España y Andalucía, con proyectos como Onuba, en Huelva, que acaba de pasar de los anuncios a las obras, y con el corredor H2Med como puerta hacia Europa. ¿Promesa real o espejismo?
Te espero en el podcast.
Dale al play y cuéntanos qué opinas.
Edición de septiembre del año 2026 en La Ysla De Los Magníficos. Un nuevo #podcast que es el primero de una nueva temporada…Sí, primer #podcasts colectivo de YslaMac…. del año 11 sin parar de hacer podcasts.
Hoy, en el episodio 122 de YslaMac hablamos de nuestra Nueva Temporada coincidiendo con… ¿la Nueva #Apple?… ¿Podemos decir que con la toma de posesión de #JohnTernus como nuevo CEO de Apple comienza una Nueva Apple? ¿Es la Era Ternus?
Bueno, lo que sí hay o, mejor dicho, ha habido es presentación de nuevos productos … Hacemos un repaso de, entre otros….
El podcast mantiene sus secciones fijas. En Radar se repasan las noticias tecnológicas que marcan la vida diaria de YslaMac y sus habitantes. elPiloto señala lo más destacado de lo ocurrido durante el verano en su Flash de actualidad del que os ofrecemos un avance:
Los náufragos recuerdan en cada YslaMac los Reports (podcasts individuales) publicados a lo largo de agosto y septiembre. Aquí tenéis el resumen de lo publicado:
Además, durante estos dos meses los náufragos han vuelto a cumplir con su compromiso para esta temporada de ir publicando posts sobre tecnología. En esta ocasión elCódigoFuente nos explica cómo Mantener tu Mac limpio: cuatro caminos y cuatro formas de entender el mantenimiento (30/08/26), mientras que elPiloto se aproxima al iPhone Duo… en un tono que nos recuerda a la parábola del hijo pródigo. ¿Será así?
Aquí acaba el avance del podcast. Nos seguimos oyendo y viendo por YslaMac.
Por cierto, podéis escuchar el podcast como siempre en vuestro podcatcher favorito, pero también podéis ver las imágenes de la grabación en nuestro canal de YouTube:
El lanzamiento del iPhone Duo no solo ha marcado la entrada definitiva de Apple en el mercado plegable, ha abierto la puerta a una nueva era de decisiones de diseño e ingeniería que podrían redefinir toda la gama estándar en los próximos años.
En el episodio de hoy analizo cómo este modelo «halo» sirve como banco de pruebas para tecnologías que podríamos ver muy pronto en la familia principal de la manzana. ¿Por qué no soñar?
¿Un iPhone no plegable con el factor de forma exterior del Duo? La pantalla exterior de 5,4 pulgadas del iPhone Duo nos devuelve un formato compacto, pero con una relación de aspecto ultra funcional. Analizamos si Apple se atreverá a lanzar un sustituto espiritual de la serie «mini» o si este cuerpo más cuadrado y manejable se convertirá en el nuevo estándar de la ergonomía móvil.
El regreso de Touch ID: ¿Convivencia real o practicidad económica? Integrado estratégicamente para situaciones donde la pantalla interior está desplegada o el bloque de sensores Face ID no cabe, el lector de huellas resucita. ¿Veremos un sistema híbrido Face ID + Touch ID debajo del cristal en los futuros modelos Pro? ¿Tal vez recuperarlo en los modelos de gama de entrada que se presentarán en el primer trimestre del próximo año y retirar el Face ID de los mismos?
Cámaras bajo la pantalla con píxeles activos: El gran reto de las pantallas sin muesca ni Dynamic Island.
¿Qué tecnología del iPhone Duo te gustaría ver implementada de forma fija en los próximos iPhone convencionales? Te leo en los comentarios.
Por cierto, podéis escuchar el podcast como siempre en vuestro podcatcher favorito, pero también podéis ver las imágenes de la grabación en nuestro canal de YouTube:
Durante los últimos años hemos pasado de preguntarnos qué puede hacer la inteligencia artificial a preguntarnos algo diferente: ¿podemos tenerla trabajando directamente en nuestro ordenador?
La idea parecía bastante sencilla.
Tenemos un Mac con procesador M1, tenemos modelos de inteligencia artificial que podemos descargar y tenemos herramientas que prometen convertirlos en asistentes capaces de ayudarnos a programar.
Así que pensamos: ¿por qué no probarlo?
El objetivo no era montar un laboratorio de inteligencia artificial ni convertirnos en ingenieros especializados en modelos de lenguaje. Queríamos algo mucho más sencillo: un asistente de programación que estuviera en nuestro propio ordenador y que nos ayudara a trabajar con nuestros proyectos.
Y ahí empezó la aventura.
Si buscas información sobre inteligencia artificial local encontrarás muchos vídeos en los que parece que todo consiste en instalar una aplicación, descargar un modelo y listo.
Y nuestro primer contacto con Ollama fue precisamente así.
Ollama es una herramienta que permite descargar y ejecutar modelos de inteligencia artificial directamente en nuestro ordenador, sin depender de un servicio en la nube.
Y funcionó.
Ese momento fue importante porque comprobamos que aquello que parecía tan complicado realmente podía hacerse.
El problema llegó cuando quisimos ir un paso más allá.
Nuestro objetivo no era tener una ventana donde preguntarle cosas a una inteligencia artificial.
Queríamos que trabajara con nosotros.
Que pudiera entender un proyecto, consultar archivos, modificar código y ayudarnos realmente durante el proceso de programación.
Y ahí descubrimos que ejecutar un modelo de IA y conseguir que ese modelo se comporte como un verdadero asistente de programación son dos cosas bastante diferentes.
Probamos diferentes posibilidades.
Qwen fue uno de los modelos que utilizamos. También probamos herramientas como Ornit, OpenCode y Aider, cada una intentando solucionar de una manera diferente ese problema.
Y tuvimos pequeños éxitos.
Pero también tuvimos muchos momentos de:
“Esto no funciona.”
Nuestro Mac podía ejecutar modelos de inteligencia artificial.
Eso estaba claro.
El problema era conseguir juntar todas las piezas que necesitábamos: modelo, contexto, herramientas, acceso al proyecto y capacidad para realizar acciones sobre él.
Y cuanto más avanzábamos, más evidente era que tener una IA funcionando no significa necesariamente tener un asistente de programación funcionando como nosotros queríamos.
Incluso descubrimos algo curioso con el Neural Engine de Apple.
El M1 tiene núcleos especializados para inteligencia artificial, pero eso no significa que cualquier modelo local pueda utilizarlos automáticamente. El programa y el modelo tienen que estar preparados para aprovechar ese hardware.
Así que tener un Mac con un Neural Engine no solucionaba mágicamente nuestro problema.
Aquí viene la parte interesante.
Al final llegamos a una conclusión bastante clara: para nosotros, para nuestros proyectos y para lo que queríamos conseguir, la IA local no era viable en ese momento.
Pero eso no significa que la inteligencia artificial local no funcione.
De hecho, funciona.
Hay personas para las que puede ser perfectamente útil. Depende del ordenador, de los modelos, de las herramientas y, sobre todo, de lo que quieras hacer con ella.
Nosotros simplemente descubrimos que nuestro caso concreto no encajaba con las posibilidades que teníamos.
Y aprendimos muchísimo durante el camino.
Quizá esta sea la principal conclusión de nuestro experimento.
No conseguimos exactamente lo que buscábamos, pero conseguimos algo igualmente importante: saber hasta dónde podíamos llegar.
Probamos herramientas nuevas, entendimos mejor cómo funciona la IA local y descubrimos que muchas veces la tecnología no es tan sencilla como parece en un vídeo de YouTube.
Pero tampoco es imposible.
Y esa es precisamente la razón por la que merece la pena probar.
La tecnología cambia constantemente. Lo que hoy no funciona bien puede funcionar perfectamente dentro de un año con otro modelo, otro ordenador o una herramienta diferente.
Por eso nuestra experiencia no termina con un “esto no sirve”.
Termina con un:
“Ahora sabemos lo que podemos hacer… y lo volveremos a intentar cuando llegue el momento.”
Porque en tecnología hay veces que hay fracasos que son exitosos.
Estos son algunos de los ejemplos de la denominada Agricultura de precisión. Algo que en el fondo se resume en la llegada de tecnología a las labores agrícolas.
Bienvenidos a YslaMac. Recibid un saludo de Amador Cámara, #elPeriodista de La Ysla De Los Macníficos. Comenzamos temporada de manera especial el primer #Report de nuestra 11ª Temporada. Estamos en la 44ª Feria de Maquinaria Agrícola de Úbeda, en Jaén.
Nos acompañan:
Si queréis sacarle al #podcast todo su jugo, no dudéis en escucharlo.
Por cierto, que para esta nueva temporada, en estos podcasts individuales, ampliamos temática. Mantendremos la tecnología aplicada al periodismo y al deporte, y también abordaremos asuntos tecnológicos en la agricultura y el coche eléctrico. Estos son los cuatro ejes sobre los que pivotarán los #Reports de #elPeriodista.
Si queréis saberlo todo… os espero en el podcast.
Es todo.
Por cierto, podéis escuchar el podcast como siempre en vuestro podcatcher favorito, pero también podéis ver las imágenes de la grabación en nuestro canal de YouTube:
Hoy toca hablar de un cacharrito que me ha cambiado la forma de viajar: el ResMed AirMini. Es un CPAP minúsculo, apenas 300 gramos, cabe en la palma de la mano, y por fin puedo dejar de meter medio hospital en la maleta cada vez que salgo de casa.
Empiezo contando por qué esto era un problema de verdad: mucha gente que usa CPAP acaba dejándoselo en casa cuando viaja, precisamente por el tamaño de los equipos de toda la vida. El AirMini resuelve justo eso.
Lo bueno, en detalle: no lleva depósito de agua para nada. Tiene una pieza que se llama HumidX que aprovecha el calor y la humedad de tu propia respiración para devolvértelos al inhalar, así que te ahorras rellenar y limpiar depósitos cada noche de hotel. Se conecta por Bluetooth a una app donde ves tus datos de uso, mantiene los mismos modos de presión que los equipos grandes, y está aprobado para usarlo en cualquier fase de un vuelo, así que tampoco hay que preocuparse por eso.
En la práctica: pesa nada, apenas hace ruido (se nota sobre todo si compartes habitación), y montarlo y desmontarlo lleva un par de minutos. Nada de cables sueltos ni depósitos que limpiar antes de hacer la maleta.
Y cierro con una reflexión más de fondo: esto encaja con una tendencia que llevamos viendo años en tecnología médica, la de hacer los aparatos cada vez más pequeños sin perder prestaciones — lo hemos visto con los medidores de glucosa, con los electrocardiógrafos de muñeca, y ahora con esto. Cuando un tratamiento diario deja de sentirse como una carga, es mucho más fácil mantenerlo.
Hoy que cualquier pantalla a 120 Hz nos secuestra la atención a base de algoritmos, me ha dado por recordar que mis primeros años transcurrieron en una casa sin televisión. Ojo: no me malinterpretéis. No fui un ermitaño. Naciendo en el 77, me las apañé diplomáticamente para no perderme ni una sola serie de la época, colándome con nocturnidad y alevosía en los salones de amigos y vecinos para compartir sofá frente a cualquier evento importante, desde el fútbol hasta las tardes de toros.
Pero cuando la puerta de casa se cerraba, el salón volvía a la sobriedad. Allí no había tubo de rayos catódicos (llegaría años después, más cerca de mi pre-adolescencia que de mi infancia). Ahí reinaba la radio. Pura dial AM-FM, sin píxeles, sin scroll y sin compasión. Y mira que entretenía y te mantenía informado día y noche.
Aquellos primeros años de mi infancia sintonizando frecuencias a oscuras no solo me libró de la televisión de consumo masivo. Me gusta pensar que moldeó, sin saberlo, mi forma de entender el audio, la tecnología y el valor del tiempo del oyente. Pero lo fascinante no es de dónde vienes, sino a dónde te lleva el virus de las ondas cuando te niegas a curarte con los años.
Lo que empezó como un simple entretenimiento infantil sin pantalla, porque no había otra alternativa, acabó convirtiéndose en el germen de un monstruo mucho mayor. Algo que va bastante más allá del podcasting y que ha terminado recientemente por cambiar mi relación con el espectro radioeléctrico para siempre …
En este nuevo Report de elPiloto para LaYslaDeLosMacníficos, os cuento qué ocurre cuando un niño en sus primeros años de infancia se cría sin televisión en casa y la alternativa es a base de transistores y ruido blanco y … con el tiempo, … decide llevar esa pasión al siguiente nivel. Y no, no tiene nada que ver con comprarse el último iPhone. Es algo más místico y romántico .
… y, seguramente, elPeriodista, elAlmirante y elCódigoFuente, náufragos de YslaMac, sean mucho más culpables de lo que se imaginan …
🎧 Dale al play para descubrir la historia completa.
Por cierto, te dejo enlace a las imágenes de este #podcast que puedes encontrar en el canal de #YouTube de #YslaMac:
¿Qué ocurriría si mañana despertaras y descubrieras que Internet ha dejado de funcionar?
No hablamos de un problema con tu operador ni de una avería en el router. Imagina un escenario mucho más amplio: un fallo global que dejara sin conexión a millones de personas durante veinticuatro horas.
Ese fue el punto de partida del último Report de la décima temporada de YslaMac. Un episodio planteado como una ficción, pero construido sobre una pregunta muy real: ¿hasta qué punto dependemos de Internet sin ser realmente conscientes de ello?
Son las ocho de la mañana. Suena el despertador. Coges el móvil para comprobar si tienes algún mensaje pendiente. WhatsApp no carga. Pruebas YouTube. Nada. Reinicias el router convencido de que, como tantas otras veces, el problema desaparecerá en unos minutos.
No ocurre.
Sales a la calle y todo parece normal. Los coches circulan, los autobuses pasan y la gente continúa caminando mirando la pantalla del móvil. Todavía nadie sospecha que acaba de comenzar un día completamente diferente.
Lo curioso de una situación así es que nadie pensaría inmediatamente en un fallo mundial de Internet. Lo primero sería culpar a la compañía telefónica, al Wi-Fi de casa o incluso al propio teléfono. Solo cuando pasan las horas empezamos a entender que el problema es mucho mayor.
Vivimos rodeados de servicios que funcionan de forma tan transparente que apenas pensamos en ellos. La banca online, el correo electrónico, las videollamadas, las aplicaciones de mensajería o el almacenamiento en la nube forman parte de nuestra rutina diaria.
Hasta que dejan de estar disponibles.
En cuestión de horas descubriríamos que gran parte de nuestro trabajo depende de servicios alojados en Internet.
Documentos que ya no podemos descargar, reuniones que nunca llegan a celebrarse, fotografías que permanecen guardadas en la nube y aplicaciones que, sencillamente, dejan de funcionar.
Es en ese momento cuando aparece una frase que muchas empresas temerían escuchar:
«¿Alguien tiene una copia en local?»
Y, probablemente, la respuesta sería un incómodo silencio.
Uno de los momentos más llamativos de esta simulación llega cuando intentamos pagar un simple café.
El datáfono no responde.
Durante años hemos normalizado pagar con el móvil o con el reloj inteligente. Es rápido, cómodo y seguro. Tanto, que muchas personas apenas llevan dinero en efectivo encima.
Pero basta un fallo en las comunicaciones para recordar que el dinero físico sigue teniendo un papel importante.
No se trata de desconfiar de la tecnología. Al contrario. Se trata de comprender que toda infraestructura puede fallar y que disponer de alternativas nunca está de más.
Durante mucho tiempo hemos escuchado que nuestros documentos «están en la nube». La expresión transmite una sensación de ligereza, casi de magia.
Sin embargo, la nube no deja de ser una enorme red de centros de datos repartidos por todo el mundo.
Si no podemos acceder a ellos, nuestros archivos siguen existiendo… pero dejan de estar disponibles para nosotros.
Esta reflexión resulta especialmente interesante porque muchas personas ya no conservan copias locales de sus documentos más importantes. Fotografías familiares, trabajos, proyectos personales o incluso documentos administrativos dependen exclusivamente de una conexión a Internet.
La IA ha llegado para quedarse y forma parte del día a día de millones de personas.
La utilizamos para trabajar, estudiar, escribir, programar, organizar tareas o resolver dudas.
Pero hay algo que pocas veces pensamos.
La mayoría de estas herramientas necesitan Internet para funcionar.
En nuestra simulación, miles de personas intentan abrir ChatGPT, Gemini, Claude o Copilot. Ninguna responde.
Y entonces aparece una idea muy interesante. No dependíamos realmente de la Inteligencia Artificial. Dependíamos de Internet para llegar hasta ella. Es una diferencia sutil, pero importante.
Todos conocemos a alguien que lleva una linterna en el coche, una batería externa cargada, una radio de emergencia o algo de dinero en efectivo «por si acaso».
Muchas veces pensamos que exagera.
Pero una situación como esta demuestra que prepararse para pequeños imprevistos no significa esperar el fin del mundo.
Significa entender que los sistemas pueden fallar.
Y que disponer de un plan B aporta tranquilidad.
No hace falta construir un refugio ni almacenar comida para meses. A veces basta con tener una linterna cargada, una batería externa, algo de efectivo y la costumbre de no depender exclusivamente de un único sistema.
Cuando el día termina sucede algo inesperado. Las terrazas siguen llenas. Las familias continúan reunidas. Los niños juegan en los parques. Los vecinos hablan entre ellos.
Cinco amigos se sientan alrededor de una mesa. Los cinco móviles descansan sobre ella. Ninguno funciona. Así que hacen algo que parecía casi olvidado. Hablar. Sin interrupciones. Sin consultar notificaciones.Sin sacar una fotografía de la comida. Simplemente conversar.
Y quizá esa sea una de las imágenes más potentes de toda la simulación.
Porque no todo lo que ocurre durante esas veinticuatro horas resulta negativo.
También descubrimos cuánto tiempo dedicamos a mirar una pantalla casi por inercia.
Durante muchos años Internet fue visto como un servicio más. Hoy es mucho más que eso.
Es la infraestructura que conecta bancos, empresas, hospitales, administraciones públicas, plataformas de trabajo, sistemas logísticos y buena parte de nuestras comunicaciones personales.
No solemos pensar en ello porque, cuando funciona, permanece completamente invisible. Solo cuando desaparece descubrimos hasta qué punto sostiene nuestra vida cotidiana.
Todo lo que has leído forma parte de un ejercicio de imaginación.
No ocurrió.
Al menos, no exactamente así.
Pero basta mirar atrás y recordar incidentes recientes, como grandes apagones o caídas masivas de servicios digitales, para comprender que nuestra dependencia tecnológica es mucho mayor de lo que solemos reconocer.
La intención de este Report nunca fue generar miedo.
Fue provocar una reflexión.
La próxima vez que desbloquees el móvil y todo funcione como siempre, quizá merezca la pena detenerse un segundo y hacerse una pregunta muy sencilla:
¿Qué parte de mi vida dejaría de funcionar si mañana Internet desapareciera durante solo veinticuatro horas
Tal vez la respuesta diga mucho más sobre nosotros que sobre la propia tecnología.
From the publisher's feed

56 Listeners

5 Listeners