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¿Qué ocurriría si mañana despertaras y descubrieras que Internet ha dejado de funcionar?
No hablamos de un problema con tu operador ni de una avería en el router. Imagina un escenario mucho más amplio: un fallo global que dejara sin conexión a millones de personas durante veinticuatro horas.
Ese fue el punto de partida del último Report de la décima temporada de YslaMac. Un episodio planteado como una ficción, pero construido sobre una pregunta muy real: ¿hasta qué punto dependemos de Internet sin ser realmente conscientes de ello?
Son las ocho de la mañana. Suena el despertador. Coges el móvil para comprobar si tienes algún mensaje pendiente. WhatsApp no carga. Pruebas YouTube. Nada. Reinicias el router convencido de que, como tantas otras veces, el problema desaparecerá en unos minutos.
No ocurre.
Sales a la calle y todo parece normal. Los coches circulan, los autobuses pasan y la gente continúa caminando mirando la pantalla del móvil. Todavía nadie sospecha que acaba de comenzar un día completamente diferente.
Lo curioso de una situación así es que nadie pensaría inmediatamente en un fallo mundial de Internet. Lo primero sería culpar a la compañía telefónica, al Wi-Fi de casa o incluso al propio teléfono. Solo cuando pasan las horas empezamos a entender que el problema es mucho mayor.
Vivimos rodeados de servicios que funcionan de forma tan transparente que apenas pensamos en ellos. La banca online, el correo electrónico, las videollamadas, las aplicaciones de mensajería o el almacenamiento en la nube forman parte de nuestra rutina diaria.
Hasta que dejan de estar disponibles.
En cuestión de horas descubriríamos que gran parte de nuestro trabajo depende de servicios alojados en Internet.
Documentos que ya no podemos descargar, reuniones que nunca llegan a celebrarse, fotografías que permanecen guardadas en la nube y aplicaciones que, sencillamente, dejan de funcionar.
Es en ese momento cuando aparece una frase que muchas empresas temerían escuchar:
«¿Alguien tiene una copia en local?»
Y, probablemente, la respuesta sería un incómodo silencio.
Uno de los momentos más llamativos de esta simulación llega cuando intentamos pagar un simple café.
El datáfono no responde.
Durante años hemos normalizado pagar con el móvil o con el reloj inteligente. Es rápido, cómodo y seguro. Tanto, que muchas personas apenas llevan dinero en efectivo encima.
Pero basta un fallo en las comunicaciones para recordar que el dinero físico sigue teniendo un papel importante.
No se trata de desconfiar de la tecnología. Al contrario. Se trata de comprender que toda infraestructura puede fallar y que disponer de alternativas nunca está de más.
Durante mucho tiempo hemos escuchado que nuestros documentos «están en la nube». La expresión transmite una sensación de ligereza, casi de magia.
Sin embargo, la nube no deja de ser una enorme red de centros de datos repartidos por todo el mundo.
Si no podemos acceder a ellos, nuestros archivos siguen existiendo… pero dejan de estar disponibles para nosotros.
Esta reflexión resulta especialmente interesante porque muchas personas ya no conservan copias locales de sus documentos más importantes. Fotografías familiares, trabajos, proyectos personales o incluso documentos administrativos dependen exclusivamente de una conexión a Internet.
La IA ha llegado para quedarse y forma parte del día a día de millones de personas.
La utilizamos para trabajar, estudiar, escribir, programar, organizar tareas o resolver dudas.
Pero hay algo que pocas veces pensamos.
La mayoría de estas herramientas necesitan Internet para funcionar.
En nuestra simulación, miles de personas intentan abrir ChatGPT, Gemini, Claude o Copilot. Ninguna responde.
Y entonces aparece una idea muy interesante. No dependíamos realmente de la Inteligencia Artificial. Dependíamos de Internet para llegar hasta ella. Es una diferencia sutil, pero importante.
Todos conocemos a alguien que lleva una linterna en el coche, una batería externa cargada, una radio de emergencia o algo de dinero en efectivo «por si acaso».
Muchas veces pensamos que exagera.
Pero una situación como esta demuestra que prepararse para pequeños imprevistos no significa esperar el fin del mundo.
Significa entender que los sistemas pueden fallar.
Y que disponer de un plan B aporta tranquilidad.
No hace falta construir un refugio ni almacenar comida para meses. A veces basta con tener una linterna cargada, una batería externa, algo de efectivo y la costumbre de no depender exclusivamente de un único sistema.
Cuando el día termina sucede algo inesperado. Las terrazas siguen llenas. Las familias continúan reunidas. Los niños juegan en los parques. Los vecinos hablan entre ellos.
Cinco amigos se sientan alrededor de una mesa. Los cinco móviles descansan sobre ella. Ninguno funciona. Así que hacen algo que parecía casi olvidado. Hablar. Sin interrupciones. Sin consultar notificaciones.Sin sacar una fotografía de la comida. Simplemente conversar.
Y quizá esa sea una de las imágenes más potentes de toda la simulación.
Porque no todo lo que ocurre durante esas veinticuatro horas resulta negativo.
También descubrimos cuánto tiempo dedicamos a mirar una pantalla casi por inercia.
Durante muchos años Internet fue visto como un servicio más. Hoy es mucho más que eso.
Es la infraestructura que conecta bancos, empresas, hospitales, administraciones públicas, plataformas de trabajo, sistemas logísticos y buena parte de nuestras comunicaciones personales.
No solemos pensar en ello porque, cuando funciona, permanece completamente invisible. Solo cuando desaparece descubrimos hasta qué punto sostiene nuestra vida cotidiana.
Todo lo que has leído forma parte de un ejercicio de imaginación.
No ocurrió.
Al menos, no exactamente así.
Pero basta mirar atrás y recordar incidentes recientes, como grandes apagones o caídas masivas de servicios digitales, para comprender que nuestra dependencia tecnológica es mucho mayor de lo que solemos reconocer.
La intención de este Report nunca fue generar miedo.
Fue provocar una reflexión.
La próxima vez que desbloquees el móvil y todo funcione como siempre, quizá merezca la pena detenerse un segundo y hacerse una pregunta muy sencilla:
¿Qué parte de mi vida dejaría de funcionar si mañana Internet desapareciera durante solo veinticuatro horas
Tal vez la respuesta diga mucho más sobre nosotros que sobre la propia tecnología.
Hace diez años Samsung vivió una pesadilla: su buque insignia, el Note 7, se incendiaba en los bolsillos de algunos usuarios, lo que obligó a la empresa a retirarlo de todo el mercado. Desde entonces, aborda cualquier cambio en la química de sus baterías con extrema cautela y analiza cada detalle.
Este julio, por fin, ha dado el paso. En sus nuevos smartphones plegables (Z Fold8, Z Fold8 Ultra y Z Flip8) estrenó una tecnología que llevaba años rondando el sector: baterías de silicio-carbono. No es solo un cambio de nombre. El ánodo, la pieza donde se aloja la carga eléctrica, deja de ser de grafito puro para incorporar silicio, un material capaz de retener hasta diez veces más energía en el mismo espacio. El resultado es fácil de entender, aunque la química no lo sea tanto: móviles más finos con más batería, o la misma batería en un cuerpo más compacto, y de propina, cargas algo más rápidas.
Eso sí, Samsung no ha sido la primera en subirse a este carro. Fabricantes chinos como Honor o Xiaomi lo llevan haciendo un par de años. La cautela tiene una explicación muy concreta: el fantasma del Note 7 planea en cada decisión que toma la compañía sobre las baterías de sus dispositivos.
En mi Report del mes de agosto cuento esta historia con más calma: ¿por qué el grafito llegó a su límite? ¿cómo consigue el silicio multiplicar la capacidad sin que la batería se hinche? y ¿qué se espera para el año que viene, con la gama S ya en el punto de mira?. Un ratito para intentar entender uno de los cambios más importantes en la tecnología de baterías de los últimos años.
No sé si en alguna ocasión, a lo largo de vuestra vida, os ha ocurrido algo que deseabais. Pero llegó de manera inesperada y después de que sucediera una serie de circunstancias rocambolescas que os hizo pensar que había sido un milagro. Con la felicidad en el cuerpo y la sonrisa en la cara, no parabais de pensar algo así como que…
Bienvenidos a YslaMac. Recibid un saludo de Amador Cámara, El Periodista de La Ysla De Los Macníficos.
En éste, mi Report de agosto de 2026 vamos a hacer un cosa diferente. Es el último podcast de esta décima temporada de YslaMac, y he querido hacer un “Off-topic”. Hoy no vamos a hablar de tecnología. Va a ser un Off-topic sobre “Las vueltas que da la vida”.
Y lo hago por algo que me ha ocurrido, rocambolesco como hablábamos al principio, que os voy a contar en un momento, y del que he sacado una lección de vida que quiero compartir con vosotros.
He contado muchas veces que siempre quise ser periodista. Desde niño. Desde muy niño. Pero la cosa se complicó por cuestiones que no vienen al caso, y sin embargo conseguí plaza en la Facultad de Periodismo de Sevilla porque “se alinearon los astros”. Sí. Pasaron tantas cosas, tan raras, tan complementarias una con otra… que aquello me pareció más que un milagro.
Y…. ¿Sabéis qué? Ha vuelto a pasar. Sí. Otro milagro.
Sin embargo. No creo en los milagros. Sí que hay suerte, podemos y nos merecemos tener buena suerte, pero estoy convencido de que la suerte no llega sola. Hay que echarle una mano. En ocasiones más grande que en otras, pero, como decía alguien que ahora no recuerdo quien era…. “Cuando llegue la suerte, que te pille trabajando”.
De esto es de lo que os quiero hablar. Nunca hay que darse por vencido. Siempre tenemos que tirar para adelante, aunque sea por caminos extraños para nosotros, alejados de la ruta que nos gustaría seguir, pero nunca sabes si esta vía que ahora tomas y se aleja de a donde quieres llegar… digo que quién te asegura que en un momento dado no da un giro brusco y te coloca justo en el destino deseado. Y, por supuesto, manteniendo abiertas opciones y posibilidades que aunque no lo parezca ahora, puede que en un día te salven la vida.
Si queréis saberlo todo… os espero en el podcast.
Es todo.
Por cierto, podéis escuchar el podcast como siempre en vuestro podcatcher favorito, pero también podéis ver las imágenes de la grabación en nuestro canal de YouTube:
Softtonic, Yahoo! Answers, Roja Directa, infohacker.org…
¿Os suenan estos nombres? Son algunas de aquellas maravillosas páginas webs que los náufragos visitábamos cuando algo llamado internet daba sus primeros pasos, y ante nosotros se abría un mundo más amplio y grande que nunca.
En pocas palabras: la web no ha muerto, pero ha cambiado. Google, las redes sociales y la IA han reducido el tráfico hacia muchas páginas, obligando a los creadores a replantear su estrategia digital.
Este es el tema principal de YslaMac 120, el nuevo episodio de LaYslaDeLosMacníficos, el podcast colectivo correspondiente al mes de junio de 2026. ¡¡EL ÚLTIMO podcast DE LA TEMPORADA!!
Hablamos de “Aquellas maravillosas webs… que visitábamos”. A ver si os sorprendemos con las direcciones de aquellos lugares a los que buceábamos cuando éramos mozuelos.
Por cierto, además de las que hemos citado al inicio, os dejamos aquí algunas más de las que han destacado los náufragos:
El podcast mantiene sus secciones fijas. En Radar se repasan las noticias tecnológicas que marcan la vida diaria de YslaMac y sus habitantes. elPiloto señala lo más destacado en su Flash de actualidad del que os ofrecemos un avance:
Los náufragos recuerdan en cada YslaMac los Reports (podcasts individuales) publicados a lo largo del mes que concluye. Aquí tenéis el resumen de lo publicado en julio:
Además, durante el mes de julio los náufragos han vuelto a cumplir con su compromiso para esta temporada de ir publicando posts sobre tecnología. En esta ocasión elPiloto hace un magnífico análisis titulado El mejor cliente del mundo ya no es Apple.
Aquí acaba el avance del podcast. Nos seguimos oyendo y viendo por YslaMac.
Por cierto, seguimos trabajando en el crecimiento del podcast. Una de las nuevas líneas emprendidas es la grabación en vídeo del podcast. También puedes VER este episodio en nuestro canal de YouTube. Aquí lo tienes:
Los señores de traje y corbata de Sony han decidido que el futuro es de sus servidores y de nadie más. PlayStation planea cargarse por completo el formato físico para 2028, obligando a todo el mundo a pasar por el aro digital de su tienda oficial. Por si fuera poco, rematan la jugada anunciando el cierre definitivo de las tiendas de PS3 y PS Vita. Maravilloso. Nada podría inspirarme mayor confianza.
Para un viejuner boomer como yo, que no concibe el videojuego sin el ritual de abrir una caja y tocar el disco, esto es difícil de digerir. Que sí. Que tengo una Steam Deck. Pero también tengo una Switch2 y compro en físico. Si he puesto el ojo en PS es para que me ofrezcan lo que me falta (exclusivos de Sony y la opción de poder escoger si quiero formato físico o digital. ¿Mi decisión? Frenar en seco. Tenía pensado hacer una incursión inminente en su ecosistema actual para catar sus exclusivos, pero la PlayStation de última generación se va a quedar en la estantería de la tienda. Vamos a esperar a ver por dónde tira el mercado.
Entiendo la tendencia actual. De hecho, regresé a esto de jugar gracias a la Steam Deck, que es puramente digital. El plan perfecto era complementarla con una consola de Nintendo —que me da sus exclusivos (hola, Zelda) en cartucho físico para vestir mi santuario— y sumar después una máquina de Sony. Incluso barajé la nueva Steam Machine, pero sus precios prohibitivos me echaron para atrás. Descartada la nueva de Valve por el momento, PlayStation era la elegida… hasta que me han arrebatado el físico de un plumazo.
Pero el destino es sabio. Ha querido la providencia (en forma de mi hermano #elPeriodista de YslaMac) que caiga en mis manos una Sony PSP original de 2004 con una docena de juegos físicos como Ace Combat X, FIFA 10 o Gran Turismo.
¿Queréis que os diga una cosa? Que se queden con sus nubes y sus licencias volátiles por el momento. Yo voy a empezar con Sony por el principio, con un formato físico que sí es mío y con una joya retro que pienso gozar a lo grande. Mientras tanto, nos sentaremos cómodamente a ver cómo evoluciona este despropósito digital.
Al final, resulta que mis inicios en PlayStation vendrá de la mano de un dispositivo que estaba guardado en un cajón desde hace más de 15 años. ¿Y vosotros? ¿Pasáis por el aro digital o plantáis cara con el formato físico? Nos leemos en los comentarios.
Vivimos en una época en la que la tecnología avanza a un ritmo vertiginoso. Cada año aparecen nuevos móviles, ordenadores más potentes, inteligencia artificial capaz de mantener conversaciones y dispositivos que hace apenas una década parecían sacados de una película de ciencia ficción.
Sin embargo, quienes hoy rondamos los cuarenta, cincuenta o sesenta años hemos tenido el privilegio de vivir una transición única en la historia. Hemos conocido un mundo completamente analógico y hemos sido testigos de la revolución digital. Hemos pasado de esperar varios minutos para conectarnos a Internet a llevar en el bolsillo una conexión permanente con todo el planeta.
Nuestros hijos, o las generaciones más jóvenes, probablemente nunca entenderán cómo era convivir con aquella tecnología. No porque fuera mejor, sino porque el progreso ha hecho que muchas de esas experiencias desaparezcan para siempre.
Hoy basta con sacar el móvil del bolsillo para consultar cualquier información, enviar un mensaje o ver una película en streaming. La conexión es inmediata y casi siempre damos por hecho que estará disponible.
Pero hubo una época en la que conectarse a Internet era todo un ritual.
Los módems de 56K emitían una serie de pitidos y chirridos inconfundibles mientras intentaban establecer la conexión. Durante ese proceso nadie podía utilizar el teléfono fijo, ya que ambos compartían la misma línea. Si alguien descolgaba el auricular, la conexión se interrumpía y tocaba empezar de nuevo.
Además, las velocidades eran tan reducidas que cargar una simple fotografía podía llevar varios segundos, incluso minutos. Aun así, aquello nos parecía increíble. Por primera vez podíamos acceder a información de cualquier parte del mundo sin salir de casa.
Actualmente hacemos decenas de fotografías sin pensarlo demasiado. Si una no nos gusta, simplemente la borramos y repetimos la toma.
Con los carretes fotográficos todo era distinto.
Cada fotografía contaba. Los carretes permitían hacer 24 o 36 imágenes, así que nadie disparaba sin pensar. Después había que llevar el carrete a revelar y esperar varios días para descubrir el resultado.
No era raro encontrarse con fotos desenfocadas, dedos delante del objetivo o personas con los ojos cerrados. Pero precisamente esa incertidumbre hacía que cada fotografía tuviera un valor especial.
Las plataformas de música en streaming han puesto millones de canciones al alcance de un solo clic.
Antes, conseguir nuestra canción favorita exigía paciencia y mucha suerte.
Esperábamos a que sonara en la radio con una cinta de casete preparada para pulsar el botón de grabación en el momento exacto. El problema era que el locutor casi siempre hablaba durante la introducción o justo antes de terminar la canción.
Aun así, aquellas cintas caseras eran auténticos tesoros. Eran nuestras listas de reproducción mucho antes de que existiera ese concepto.
Hay un pequeño detalle que pasa desapercibido para muchos jóvenes.
El icono que representa la acción de “Guardar” sigue siendo un disquete.
Sin embargo, buena parte de las nuevas generaciones nunca ha visto uno de verdad.
Los disquetes eran el soporte habitual para guardar documentos, trabajos del colegio o pequeños programas. Su capacidad era ridícula comparada con cualquier memoria USB actual, pero durante años fueron imprescindibles.
Y todos recordamos el miedo que producía un error de lectura justo cuando más necesitábamos recuperar un archivo importante.
Hoy cualquier aplicación de navegación nos indica el camino más rápido, avisa de accidentes e incluso informa del tráfico en tiempo real.
Hace no tantos años viajar significaba desplegar un enorme mapa de papel sobre el capó del coche o intentar doblarlo correctamente sin demasiado éxito.
Las discusiones sobre cuál era la salida correcta formaban parte del viaje y, cuando ya no había solución, siempre quedaba bajar la ventanilla y preguntar a alguien por la dirección adecuada.
Curiosamente, casi siempre funcionaba.
Llamar por teléfono tampoco era igual.
Primero había que localizar a la persona en casa. Después era habitual que respondiera uno de sus padres.
Aquellas conversaciones comenzaban con un educado “Buenas tardes, ¿está David?” y no era raro que la familia supiera perfectamente quién llamaba y con qué frecuencia.
Además, las tarifas telefónicas hacían que muchas personas esperaran a determinadas horas de la noche para hablar más barato.
Hoy resulta difícil imaginar una situación así cuando llevamos un teléfono personal permanentemente en el bolsillo.
Los servicios de streaming han hecho desaparecer casi por completo los videoclubs.
Sin embargo, para toda una generación la visita del viernes era casi una tradición.
Recorrer las estanterías, leer las sinopsis, elegir una película y descubrir que justo la que querías estaba alquilada formaba parte de la experiencia.
Y había una norma que nadie debía olvidar: devolver la cinta rebobinada.
Puede parecer un detalle sin importancia, pero quienes lo vivieron saben perfectamente de qué estamos hablando.
Es fácil caer en la tentación de pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero no sería justo.
La tecnología actual ha mejorado nuestra vida en prácticamente todos los aspectos. Hoy disponemos de herramientas que hace apenas veinte años parecían imposibles.
Sin embargo, quienes crecimos entre los años ochenta y noventa hemos tenido una oportunidad irrepetible: conocer dos mundos completamente distintos.
Sabemos lo que era buscar una dirección en un mapa de papel, revelar un carrete de fotos, grabar una canción desde la radio o esperar varios minutos para conectarnos a Internet.
Y también disfrutamos de la inteligencia artificial, las videollamadas, el almacenamiento en la nube y los teléfonos inteligentes.
Probablemente seamos la única generación que podrá contar en primera persona cómo fue vivir esa transformación.
Quizá dentro de treinta años sean nuestros hijos quienes recuerden con nostalgia que hubo un tiempo en el que llevábamos un móvil en el bolsillo para comunicarnos, porque la tecnología habrá vuelto a cambiar por completo.
Y entonces comprenderán que cada generación guarda con cariño aquellos pequeños inventos que marcaron una época
¿Sois ya usuarios de un anillo inteligente? ¿Tenéis y disfrutáis del vuestro?
Yo, no. Pero es que en mi entorno más cercano no veo ninguno. Incluso allá por donde me muevo, tanto desde un punto de vista personal como profesional, tampoco detecto estos wereables.
No los veo en ningún lado, ni cercano ni lejano. Sin embargo, las consultas que hago a inteligencias artificiales, y las búsquedas de información en la web me dicen que es el “cacharrito del momento” y que el número de usuarios está en constante crecimiento.
Bienvenidos a YslaMac. Recibid un saludo de Amador Cámara, #elPeriodista de La Ysla De Los Macníficos. En éste, mi Report de julio de 2026 vamos a bucear un poquito en los anillos inteligentes. No hace mucho tiempo se decía que eran uno de los dispositivos con mayor presente y futuro. Ahora… se sigue diciendo. Sin embargo, yo no los veo. ¿Y vosotros?
El 6 de febrero del año 2024 el Report que publiqué en YslaMac se titulaba “Kiptum y su Amazfit Helio Ring”.
Si recordáis, Kelvin Kiptum era un jovencísimo atleta keniata que desde octubre del año 2023 ostentaba el récord del mundo de maratón. Era tan bueno y se hablaba tanto y tan bien de él, que se decía que sería el primer ser humano en bajar de dos horas en un maratón oficial.
En su entrenamiento era básica la tecnología. Entre otras cosas, Kiptum utilizaba el Amazfit Helio Ring, el anillo inteligente de Amazon.
La verdad es que la promoción del producto era bestial porque se estaba diciendo que el ser humano iba a ser capaz de bajar de dos horas en un maratón gracias, entre otras cosas, a este producto.
Kiptum no pudo conseguir su objetivo porque falleció unas semanas antes en un accidente de tráfico. Pero no sólo nos quedamos sin Kiptum… también sin anillos inteligentes (creo). Sí porque dos años y medio después de aquello no conozco a nadie que use anillo inteligente. ¿Qué ha pasado? ¿Quedó todo en un fiasco? ¿Fue otro de esos devices con grandes expectativas que murió por el camino?
1.- Le he preguntado a la Inteligencia Artificial de Google lo siguiente: ¿Se están vendiendo anillos inteligentes?
Su respuesta: “Sí, se venden ampliamente y se han consolidado como el wearable del momento gracias a su diseño discreto y centrado en salud”.
2.- He hecho una búsqueda en internet en la que pregunto por “el mercado de los anillos inteligentes”.
Entre las entradas que me aparecen, destaca una: “Tamaño del mercado de los anillos inteligentes: 2026-2035”.
Indica, como titular, lo siguiente: El mercado global de anillos inteligentes se estimó en 697,6 millones de dólares USA en 2025. Se espera que el mercado crezca de 1,01 billones de dólares en 2026 a 7,8 billones de dólares en 2035, según el último informe publicado por Global Market Insights Inc.
Me quedo boquiabierto…. porque me voy a Amazon. Busco anillos inteligentes y me aparecen infinidad de modelos cuyas ventas en el últimos mes son: 3, 3, 916, 3, 1.200, 60, 989, 7.800, 68, 156, 24, 22, 13, 7…
3.- Acudo a Xataka, y encuentro un post titulado “Mejores anillos inteligentes 2026. Cuál comprar en función del uso y seis modelos recomendados”.
Ojo al primer párrafo del post. Fechado el 26 de mayo de 2026, es decir, relativamente reciente, dice lo siguiente: “Van llegando a cuentagotas, pero poco a poco, ya están aquí. Los anillos inteligentes son el nuevo wearable para el cuidado de la salud, para monitorizar las actividades deportivas, como posible método de autentificación de dos pasos e incluso en algunos casos para realizar pagos sin contacto”.
Espero encarecidamente vuestros mensajes para testar si estamos ante algo realmente interesante o se trata simplemente de un pufo más.
Es todo.
Por cierto, que podéis escuchar el podcast como siempre en vuestro podcatcher favorito, pero también podéis ver las imágenes de la grabación en nuestro canal de YouTube:
Nos vamos yendo y viendo…
El calor extremo vuelve a condicionar el verano en España y Andalucía, y lo hace con efectos que van mucho más allá de la sensación térmica
Cuando el calor no da tregua analiza una de las realidades más visibles del verano en España y Andalucía: el impacto de las olas de calor en la vida cotidiana.
A través de un enfoque periodístico y editorial, el nuevo #podcast de #elAlmirante de #LaYslaDeLosMacníficos aborda cómo las altas temperaturas alteran el descanso, la concentración, el trabajo y la organización diaria de miles de personas. La pieza sitúa este fenómeno en un contexto más amplio, en el que el calor extremo deja de ser solo una cuestión meteorológica para convertirse también en una realidad social, sanitaria y doméstica.
Sin recurrir al dramatismo, el #podcast ofrece una mirada clara, sobria y próxima sobre la necesidad de adaptar hábitos, rutinas y prioridades en unos veranos cada vez más intensos. La propuesta pone el foco en una experiencia compartida por buena parte de la población, con especial atención a quienes sufren con más intensidad los efectos de las altas temperaturas, y aporta contexto para entender por qué estos episodios forman ya parte de la conversación pública.
Se trata, en definitiva, de una pieza pensada para informar con equilibrio, aportar utilidad y ofrecer una lectura comprensible de un fenómeno que afecta directamente al bienestar diario de muchas personas.
¿Qué os ha parecido la Apple Worldwide Developers Conference (Conferencia Mundial de Desarrolladores de Apple): ¿truño o triunfo?
Esa va a ser la pregunta que deba responder cada #náufrago de #LaYslaDeLosMacníficos en #YslaMac 120, el #podcast colectivo correspondiente al mes de junio de 2026.
Cada náufrago expone su opinión sobre lo que la compañía de la manzanita nos contó el 8 de junio, justo el día que comenzaba el evento que se prolongó hasta el 12 de junio.
A modo de avance, os indicamos algunas de las cosas que conforman la opinión de los #náufragos:
El podcast mantiene sus secciones fijas. En Radar se repasan las noticias tecnológicas que marcan la vida diaria de YslaMac y sus habitantes. elPiloto señala lo más destacado en su Flash de actualidad del que os ofrecemos un avance:
Y no tenemos nada más que decir … y nada menos
Los náufragos recuerdan en cada YslaMac los #Reports (#podcasts individuales) publicados a lo largo del mes que concluye. Aquí tenéis el resumen de lo publicado en junio:
Además, durante el mes de junio los #náufragos han vuelto a cumplir con su compromiso para esta temporada de ir publicando Posts sobre tecnología. En esta ocasión #elPiloto hace una Hoja de reclamaciones: El fin de Rosetta 2.
Aquí acaba el avance del podcast. Nos seguimos oyendo y viendo por YslaMac.
Por cierto, seguimos trabajando en el crecimiento del #podcast. Una de las nuevas líneas emprendidas es la grabación en vídeo del podcast. También puedes VER este episodio en nuestro canal de YouTube. Aquí lo tienes:
En su afán por avanzar en mejoras de salud, utilizando como vehículo la tecnología, #elPiloto de nuestra «ysla» ha descubierto el calzado con tecnología Barefoot. Bueno, en realidad ha pasado el último año testando varios modelos y marcas, hasta el punto de que afirma haber completado la transición hacia esta modalidad. Eso sí, ha dejado al margen sus zapatillas para actividad física y deportiva. Pero el resto, que supone el grueso de su día a día, ha pasado a ser Barefoot. Todo esto nos lo cuenta en su Report de este mes.
A veces gastamos tiempo y dinero en maquinitas que cuestan miles de euros, para luego usar solo un 25% de sus funcionalidades. Lo hacemos porque nos gusta, pero también porque tiene un componente de moda y snobismo. Sin embargo, ¿prestamos la misma atención al calzado que enfunda nuestros pies? Lo llevamos puesto la mayor parte de nuestro día, la mayor parte de nuestra vida, a excepción de cuando dormimos.
Drop cero, sin refuerzo del puente plantar y con puntera ancha. Todo ello para mejorar la salud de nuestra pisada, estimular las terminaciones nerviosas plantares y activar las estructuras anatómicas involucradas en este proceso de pisar. No imaginaba que un gesto tan cotidiano puede encerrar tanta trascendencia.
Nuestro náufrago ya ha sufrido con el calzado convencional y se decanta ahora por esta tecnología, pero sobre todo nos da una llamada de atención para que no descuidemos ese aspecto que no dejar de formar parte también de nuestra salud. Quizá después sea demasiado tarde y empiecen a resultarnos familiares términos como «fascitis plantar». Pero ojo, que también nos lanza advertencias. Cuidado al hacer la transición. Quizá lo más sensato sea hacerlo de la mano de nuestro podólogo/a de cabecera, para evitar riesgos de complicaciones.
Estos son los enlaces de los modelos comentados en este episodio:
Easyfoot Barefoot Samplex. Para estar en casa. https://easyfootes.com/products/barefoot-samplex™-calzado-saludable3-y-natural?variant=54684557771100
Easyfoot Barefoot Easyfoot. Algo más de rigidez. Actividad exterior. Lo uso cuando el clima es algo más adverso. Ej. Ha llovido. https://easyfootes.com/products/barefoot-easyfoot?variant=48769377861980
Easyfoot Barefoot UrbanWalk. Un toque casual para el día a día. https://easyfootes.com/products/barefoot-urbanwalk?variant=48974302740828
Easyfoot Barefoot PolarMotion. Botas para tener los pies calentitos cuando llega el invierno. https://easyfootes.com/products/barefoot-polarmotion?variant=49339740815708
Saguaro Barefoot Fast I. Actividad en exterior con buen clima. https://es.saguaro.com/products/mujer-fast-1?variant=42261398978776
Hobibear Barefoot Loam. Un toque más formal, pero sin perder el casual. https://hobibear.es/products/loam?variant=48194896036154
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