Dos personas decidieron no subir al avión hacia Estados Unidos. Uno de ellos Eliseo de Jesús Castro, quien se habría negado a irse debido a que estuvo preso en Estados Unidos y fue deportado en febrero de 2006 por violencia contra las mujeres, según información de la agencia EFE. Pero de ese caso se sabe poco, dice el investigador José Luis Rocha. Al avión tampoco subió el obispo Rolando Álvarez, quien se negó a ser desterrado. La dictadura no perdona.
Un día después de la negativa del sacerdote, el régimen de Ortega lo condenó a 26 años y 4 meses de prisión, sin un juicio previo y lo despojó de su nacionalidad. Octavio Ernesto Rothschuh, magistrado oficialista, se encargó de leer la sentencia. El sacerdote fue condenado por los delitos de propagación de noticias falsas, obstrucción de funciones agravadas en perjuicio del Estado y desacato a la autoridad.
Un día antes Rothschuh también publicó la sentencia del destierro para los 222 nicaragüenses que quedaron libres, luego que La Asamblea Nacional nicaragüense, de manera exprés y unánime aprobara una reforma constitucional para dicho fin. El destierro, según la sentencia, obedece a que son declarados traidores de la patria.
Ante la condena del obispo Álvarez, el exembajador de Nicaragua ante la Organización de los Estados Americanos (OEA), Arturo McFields Yescas, a través de en su cuenta de Twitter, calificó a Ortega de “enemigo jurado y perseguidor de la iglesia”.
Monseñor Álvarez fue apresado el 19 de agosto de 2022, luego que la policía allanara su residencia en Matagalpa y lo trasladara a Managua en una prisión domiciliar.
Para el investigador nicaragüense José Luis Rocha, el obispo Álvarez consideró que abandonar el país era como abandonar a su feligresía. Ahora está recluido en la cárcel Modelo, donde tendrá condiciones más severas, como un castigo del régimen.